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domingo, 8 de junio de 2014

LA CIENCIA DE LA SOMBRA EN DISEÑO DE JARDINES

ARTE Y JARDINERÍA DISEÑO DE JARDINES

Sombras en Diseño de Jardines



Recuerdo muy bien la respuesta que me dio un viejo jardinero amigo mío y hombre experimentado y sincero, a alguien que le preguntaba la forma de solventar los problemas que se plantean en un jardín sombreado:

"Escuche, joven -respondió-, no me hable de problemas de sombras porque le diré que si no la tuviera en abundancia en mi jardín, ciertamente tendría que inventarla de algún modo".

Esto fue todo. Este mensaje, y la filosofía que encierra, ha estado siempre presente en mi mente: la sombra no es un problema, sino un bien. Así es: resulta de suma importancia para el crecimiento de los diversos tipos de plantas.

Puede decirse que, con muy pocas excepciones, no existen diferencias básicas entre una planta de jardín sombreado y la que necesita de la luz del sol en grandes cantidades. Hablando en
general, es imposible distinguirlas a simple vista y, aunque existen determinados grupos de plantas en los que suelen predominar las que prefieren la sombra, en la mayoría de los casos, los macizos son una mezcla impredecible de unas y otras. Puestos en la tesitura de tener que definirlos, estaríamos dispuestos a admitir que las plantas que se podrían cultivar en un jardín sombreado son muchísimas más de las que hemos podido incluir aquí.

Mientras que la mayoría de los parterres y arriates soleados basan en gran medida su atractivo en el brillante colorido de las flores y hay que aceptar que, en el jardín sombreado, tal principio no suele cumplirse estrictamente en la mayoría de los casos.

Las plantas de flor adaptadas a crecer solamente en la sombra deben producir flores para perpetuarse, pero, en líneas generales, dichas flores son menos atractivas que las del jardín abierto. Las plantas que toleran la sombra, en oposición a las que la exigen, florecerán con frecuencia con menos efectividad, si es que florecen, cuando se cultivan en áreas sombreadas, por lo que su atractivo debe captarse en la densidad del follaje o en su forma en conjunto.

Muchos arbustos encuentran su entorno natural en los bosques, como sucede con muchas perennes herbáceas. Por su parte los helechos están muy bien representados, mientras que las hierbas ornamentales son pocas y las plantas de rocalla menos aún. Las plantas de roca suelen preferir los lugares expuestos y soleados, y hay relativamente pocas -por lo general las que crecen en las grietas-, que puedan prosperar a la sombra.

Por contra la representación de los bulbos es bastante amplia, e incluye toda una serie de tipos que crecen de forma natural en bosques de hoja caduca y son de floración temprana, antes de que se extienda el toldo vegetal que convierte el hábitat en un lugar mucho más umbrío.

La Ciencia de la sombra

La clorofila no está presente en los animales, ni en los hongos, pero se da en las algas, en todas las plantas de flor, en los helechos y en
otros vegetales afines. Posiblemente se trata del compuesto químico más importante de nuestro planeta, ya que otorga a los organismos que lo poseen la capacidad de aprovechar la luz solar para producir alimentos esenciales a partir de dos materias primas: el dióxido de carbono y el agua. La clorofila se puede considerar como la catalizadora necesaria para que se produzca fotosíntesis. En el jardín sombreado, este ingrediente vital que es la luz solar resulta escaso.

Cómo llegan a crecer las plantas en la sombra

Las plantas de sombra han desarrollado unos sistemas que aprovechan al máximo la luz solar que llega a una zona sombreada. Ni en la oscuridad total ni con niveles de luminosidad extremadamente bajos podrán medrar las plantas verdes, aunque los que menos dificultades tendrán serán los helechos.

Muchos los habrán visto crecer de forma absolutamente satisfactoria en condiciones muy sombrías, tales como cuevas y en las paredes internas de los pozos, pero el hecho de que consigan desarrollarse con tan poca luz tiene algo de misterioso.

En muchos casos podemos ver, simplemente observando la estructura de la hoja, cómo se ha adaptado para captar al máximo de luz posible. Algunas plantas de lugares sombreados tienen hojas anchas, planas, anguladas para recibir el máximo de luz solar. Si examinamos estas hojas al microscopio veremos que tienen capas de células superficiales muy delgadas que permiten que la luz penetre con facilidad hasta las células que contienen clorofila que, a su vez, suelen estar cerca de la superficie.

De todo lo dicho se podría deducir que basta con examinar una planta para determinar si será apropiada para lugares sombreados. Sin embargo, hay tantas variaciones y, ni que decir tiene, mecanismos tan distintos dentro de las plantas que sería arriesgado confiar plenamente en la simple observación.

Lo dicho sobre la clorofila parece indicar que si una planta es pobre
en clorofila tendrá problemas en las zonas poco iluminadas. Y así es. Las plantas de hojas variegadas, es decir, de coloración abigarrada tienen la clorofila de la hoja limitada a determinadas zonas, mientras que a través de las restantes se muestran los pigmentos amarillos o de otros colores.

Una máxima útil, por tanto, es tener en cuenta que las plantas de hojas variegada tienden a crecer con más lentitud y menos vigor, en general, que las que son totalmente verdes. Ciertas hiedras 
variegadas despliegan este fenómeno de forma manifiesta y cambian al color verde cuando crecen a la sombra.

Lo más difícil es encontrar plantas que combinen el follaje variegado con la tolerancia de la sombra, y las que lo consiguen son muy apreciadas. Parece que las plantas de hoja púrpura o rojiza tienen menos problemas a este respecto ya que no les falta clorofila, sino que, simplemente, la enmascaran con otro pigmento.

La importancia de la humedad

Las hojas no sólo tienen la misión de realizar la fotosíntesis; es a través de ellas como se evapora el agua a la atmósfera, siendo sustituida por la que la planta extrae de las raíces y el terreno.


Una hoja adaptada para recibir una cantidad óptima de luz solar con sus hojas planas y anchas, presentará inevitablemente una superficie ideal para la evaporación y la pérdida de agua. Ello podría dar lugar al problema del exceso de agua perdida, pero, por fortuna, los lugares sombreados suelen ser húmedos y, con una atmósfera cargada de humedad alrededor de la planta, se reducirá la evaporación. 

El auténtico problema se produce en los lugares que no sólo son sombreados, sino cálidos y secos por añadidura. Tales condiciones crean un ambiente difícil para la hoja, ya que ha de tratar de captar la luz solar al tiempo que debe retener la humedad suficiente que le permita crecer de forma satisfactoria.

Algunas plantas incluso se han adaptado a este dilema, pero la consecuencia práctica es que las que medrarán en lugares secos y umbríos son muy pocas y, por tanto, deberemos cuidarlas como oro en paño.


Fuente: Plantas de sombra. Stefan Buczacki. 
Tursen Blume ediciones



sábado, 4 de enero de 2014

EL BOSQUE

ARTE Y JARDINERÍA

El bosque no sólo está poblado de árboles, arbustos, gramíneas y flores de todo tipo, también lo conforman hongos parásitos, musgos y líquenes microscópicos, lianas que se abrazan a las ramas, además de todo tipo de insectos, algunos de los cuales son nocivos para los árboles.



Los árboles para protegerse, fabrican excrecencias (agallas), que parecen la obra de un escultor delirante y genial. Todas estas rarezas naturales hacen de los bosques verdaderos laboratorios de curiosidades a cielo abierto, donde cada espécimen vivo actúa en interacción con sus próximos.

Los políporos

Estos hongos parásitos representan una amenaza para el bosque, pues atacan preferentemente a los árboles enfermos o inadaptados al medio. Aunque durante unos años el árbol pueda llegar a acomodarse a la presencia del hongo, éste acaba por pudrir la madera, cuyo color (blanco, pardo) es característico de la especie o grupo de especies al que pertenece, y por matar al portador.

Entre las curiosidades más comunes, se encuentra la del políporo multicolor (Trametes versicolor). Se trata de un hongo pequeño y elegante, de carne consistente pero delgada. Su sombrero es abigarrado y con estrías concéntricas que van del verde al negro, pasando por marrón-rojizo; se presenta en conglomerados de varios de ellos, imbricados sobre troncos muertos o tocones.

En un bosque natural, todas las setas tienen un cometido ecológico indispensable, parecido al de los predadores en el mundo animal. Pero también pueden resultar nocivas en los bosques repoblados y en curso de explotación, especialmente en los de coníferas.

Las lianas, unas plantas muy cariñosas

Otra singularidad del bosque son las lianas: asaltan árboles y arbustos a la búsqueda de la luz, llegando incluso a ahogarlos; una confrontación en la que no siempre resultan ganadoras.

La fragante madreselva (Lonicera periclymenum) elige un vegetal, preferentemente joven, para llegar hasta la luz; y comprime
tanto el tallo, que éste aumenta de tamaño hasta formar una espiral que encierra a la liana. La madreselva es una planta medicinal prácticamente desconocida, que todavía no ha desvelado todas sus propiedades. Sus flores (5 g/l), en infusión de agua hirviendo durante cinco minutos, calman la tos espasmódica; mientras sus hojas secas, preparadas en decocción y administradas en gargarismos, curan las anginas.

En cuánto a la zalamera clemátide (Clematis vitalba), es una asesina. Prospera en las veredas soleadas (y en los campos yermos), en suelos ricos en nitrógeno, creando un muro vegetal tan espeso, que aplasta a la planta madre. Se agarra a ella con los peciolos volubles de sus hojas.

La hiedra trepadora (Hedera helix) no es estrictamente un parásito, pero cuando se fija mediante zarcillos, no deja que los
arbustos se desarrollen adecuadamente; en especial, impide la apertura de las yemas. Florece en otoño, siempre y cuando trepe por un tronco; en caso contrario, horizontal y reptante, permanece siempre verde. Sus hojas son coriáceas y polimorfas: lobuladas cuando permanecen a la sombra del sotobosque y enteras cuando les da la luz. Sus frutos son tóxicos, en cambio sus hojas frescas, aplicadas en cataplasma, calman las inflamaciones, neuralgias y reumatismos.

La hierba de los mendigos. Las hojas frescas de la clemátide son vesicantes: si se trituran con la mano, producen quemaduras.
Antaño, los mendigos la utilizaban para producirse úlceras ficticias y provocar con ellas compasión (desaparecían al frotarlas con hojas de acelga). En medicina se utilizan las flores, hojas y corteza: preparadas en linimento, calman los dolores reumáticos debido a sus propiedades analgésicas. La tintura de hojas frescas, en aplicación externa, tiene propiedades antineurálgicas y es un tónico venoso.


Fuente: Bosques y florestas. Vincent Albouy. Editorial H Blume



Historia de los bosques de Europa

ARTE Y JARDINERÍA DISEÑO DE JARDINES

Historia de los bosques de Europa



Los bosques del oeste de Europa tienen una historia propia, en la que el hombre interviene en fecha muy reciente y con escaso protagonismo, aunque éste sea cada vez más decisivo. Si bien es cierto que nuestra masa forestal no se parece mucho a los bosques que se sucedieron a partir del carbonífero, sigue constituyendo un ecosistema sorprendentemente rico y complejo.

Y se hicieron los árboles....

Los bosque primitivos, formados por helechos gigantes, aparecieron en el período carbonífero. Se puede juzgar su importancia por los yacimientos de carbón, desde los estratos constituyen auténticas páginas de un libro donde poder leer las huellas fosilizadas, los calamites y sigilarias.

Actualmente resulta difícil imaginar la enorme diversidad biológica de aquellos bosques, de los que se han identificado unas 20000 especies, únicamente durante el período jurásico. Por supuesto nos referimos a las selvas tropicales actuales, donde aparecen los primeros árboles, las coníferas.

Los helechos tienen la inmensa propiedad de conocer semillas
resistentes a las condiciones más desfavorables, herramienta imprescindible para conquistar los medios más extremos, ya sea en regiones secas o frías. Van a ocupar gran parte de la tierra emergida, diversificándose y dando lugar a las secuoyas, pinos, abetos, alerces, piceas, cedros, etc, y muchas otras especies de las que sólo quedan 600.

A finales del cretáceo nace un nuevo grupo: las angiospermas (frondosas), que representan hoy en día 25000 especies, en su mayoría delimitadas en el oasis ecuatorial, que ha permanecido al abrigo de las últimas glaciaciones.

El gran traumatismo glaciar

La historia de nuestros bosques europeos debe tener muy en cuenta el cuaternario, período de inmensos glaciares en el que se extinguieron la mayoría de las especies de árboles de nuestro continente.

Hoy en día, apenas quedan un centenar repartidas por toda Europa, y de éstas, únicamente una decena en los bosques boreales. Los hielos cubrían entonces gran parte del norte de Europa, Inglaterra, Suiza y Austria, creando una barrera en los Pirineos. Con ellos desaparecieron las secuoyas, laureles y palmeras. Y antes, el viento, con frecuencia una ventisca glacial, erosionaba todo a su paso. Francia era una vasta tundra, parecida a la que existe actualmente en el norte de Finlandia o en el este de Europa.

Cuando los hielos alcanzaron su extensión máxima, hace 10000 años, los árboles se refugiaron en Andalucía, Sicilia, el Peloponeso y las costas del mar Negro. El Mediterráneo constituía un obstáculo infranqueable, tanto en un sentido como en otro, impidiendo que África pudiera repoblar Europa. A ello hay que añadir la barrera de los Alpes o los Pirineos, cadenas de orientación este-oeste.

Nuestros bosques templados se convirtieron en los más pobres de
especies del mundo, si los comparamos con los de América del Norte, China o Japón, en los que la repoblación de especies a partir del sur no tenía obstáculos. Por esta razón, encontramos aproximadamente seis veces más de especies de robles, arces u olmos. Una diversidad sin embargo desdeñable si la comparamos con los 50000 de los bosques ecuatoriales, donde la relativa estabilidad climática ha permitido la aparición y adaptación de una flora muy rica.

Supervivientes de la Era Preglaciar

Los bosques mediterráneos son los más ricos en especies, y también los más explotados por el hombre. Podemos encontrar auténticas reliquias, como el abeto pinsapo, que sólo sobrevive en las sierras de Cádiz y Málaga, o el abeto nebrodensis, presente únicamente en
Sicilia. De las once especies de abetos (del género Abies) con que cuentan las laderas del Mediterráneo, sólo una crece en Francia. 

Subsisten tres especies de cedros en el Atlas, en Chipre, y en las montañas del Líbano y del Taurus, en Turquía. Córcega cuenta con una especie autóctona de aliso, acorazonado, presente también en Cerdeña y en el sur de Italia; así como una especie endémica, el pino negro, famoso por albergar a un pájaro, el herrerillo, éste también autóctono.


Fuente: Bosques y Florestas. De Paloma Carrillo de Albornoz Nuño. Editorial Blume.





jueves, 18 de julio de 2013

EL ALFOMBRADO VERDE DE LOS CLAROS DEL BOSQUE

ARTE Y JARDINERÍA DISEÑO DE JARDINES

Plantas que habitan en los claros del bosque






Penetrar en un claro de un bosque significa abandonar la sombra de los árboles grandes y el humus forestal, para llegar a un prado con una vegetación un poco distinta de la que tapiza el sotobosque. Aquí, han desaparecido los jacintos o anémonas, para dejar paso a las gramíneas y hierbas de pleno sol, pues las condiciones de vida de las plantas ya no son las mismas que tenían en el macizo.

Una población variada

Aprovechando el claro, las flores salen y aportan una nota de color al alfombrado verde que tejen las gramíneas. Cada una encuentra su razón de ser: una, porque crece en suelos ácidos o calcáreos; otra, por la proximidad de una bolsa de agua; una tercera, porque prefiere un montículo más seco; y una cuarta, porque busca la sombra. Por el lugar que ocupan en el espacio, adivinamos las condiciones ambientales específicas del claro.

Los claros, un medio artificial

Un claro forestal puede ser natural, pero no es frecuente; la mayoría de las veces, se trata de un medio artificial que el hombre ha generado para disponer de superficies de hierba. Desde ese momento, sus condiciones medioambientales son distintas: claridad, por supuesto, pero también humedad y diferente tipo de suelo.

Una agrupación original

Sin embargo, su vegetación no es la misma que la de la tala, que supone un choque en la vida del bosque; en este caso, el bosque pasa repentinamente de la sombra a la luz, y la capa de agua sube a la superficie, por falta de árboles que la bombeen. Por su parte, el claro vive a lo largo del tiempo: desde hace muchos años, quizá siglos, la hierba permanece baja como consecuencia del mantenimiento o del pastoreo de los animales, ciervos y corzos. Es un medio estable, donde las únicas variaciones vienen determinadas por el tipo de suelo o la proximidad del agua. Las laderas también forman parte de este medio, pero sus condiciones son diferentes: semisombra permanente y mayor grado de frescor.

Plantas de luz

Galio y cola de caballo son dos plantas que pasan desapercibidas: la primera, puede llegar a ser grande, pero permanece cas siempre a ras de suelo; la segunda, no llega a los 50 cm. En común sólo poseen su cualidad humilde y el papel desempeñado en la vida rural. No tienen parentesco alguno: el gallo es una planta de flores, joven, su origen se remonta a algunos millones de años; la cola de caballo es de la familia de los helechos y su origen se remonta a la era primaria, hace cientos de millones de años.

Galio Común
Gallium mollugo


Dónde: Europa, excepto Escandinavia. Sol y semisombra, suelos preferentemente ácidos y frescos.
Perfil: puede alcanzar más de 1 m de altura (tallo primero tumbado, se alza con el tiempo). Tallo de 4 ángulos muy marcados y abultados en los verticilos. Se hibrida fácilmente con el galio amarillo (Galium verum), que es más medicinal.
Floración: final de primavera.

Propiedades medicinales

El galio seco huele a miel. Contiene restos de comarina, taninos y un colorante (de la familia de las rubiáceas, procede del latín y significa “rojo”). Es aconsejable para la epilepsia por sus propiedades antiinflamatorias, antiespasmódicas, sudoríficas y diuréticas. Es calmante en casos de inflamación de los ganglios linfáticos.

En otros tiempos, el galio era apreciado por sus múltiples utilidades: de la raíz, se extraía una tintura roja para colorear textiles. Hoy en día, ya no tiene las mismas cualidades y, como se multiplica con mucha facilidad, por efecto de los brotes que nacen en los tallos subterráneos, se trata de destruir.

Cola de Caballo
Equisetum arvense


Dónde: toda Europa. Sol, suelos que retengan el agua, es decir, compactos y húmedos.
Perfil: vivaz. Tallo subterráneo rastrero y bulboso, punto de arranque de los tallos aéreos. Tallos fértiles (pequeños, menos de 20 cm), que se marchitan rápidamente y salen antes que los tallos estériles. Tallos estériles más delgados y altos, con ramos gruesos (en vez de hojas) que le han valido el apodo de ‘cola de caballo’. Con frecuencia crece en colonias.
Floración: sin flores. Los tallos fértiles salen en primavera.

Propiedades medicinales

Los tallos estériles son muy ricos en silicio asimilable, hierro, calcio, sodio, potasio, taninos y flavonoides. Constituye un poderoso aporte de minerales: la planta actúa contra todo tipo de pérdidas óseas de minerales y fracturas. Diurético, se utiliza en casos de enfermedad de riñones y de vejiga. Si se coge fresca, tiene propiedades hemostáticas contra el sangrado de nariz. También actúa contra la esclerosis arterial, pues su sílice llega a las paredes de los vasos sanguíneos.

El tallo de la cola de caballo se endurece rápidamente. Contiene sílice y, por esta razón, se utilizaba para pulir objetos de uso. Hoy en día, se la considera planta invasora, de eliminación difícil, pues es capaz de prosperar en lugares húmedos y sus rizomas, cuando se fragmentan, pueden reproducirse por esquejes.

Otras plantas de luz: potentilla (Potentilla erecta), agrimonia (Agrimonia eupatoria), serpol, hierba luna (Thymus serpyllum), brunela común (Brunella vulgaris).



Fuente: Los caminos de la naturaleza
Bosques y florestas
Ecoguía para descubrir la naturaleza
Editorial: Blume


viernes, 24 de junio de 2011

Los bosques. El pulmón de la Naturaleza

ARTE Y JARDINERÍA Diseño de Jardines

Los bosques son el pulmón de la Naturaleza, gracias a ellos el Planeta sigue en pie y realizan su labor en la Sostenibilidad. No permitamos que el hombre los destruya



El ecosistema forestal

El ecosistema forestal es tan complejo, contiene tal cantidad de especies, que la ciencia no logra abarcar en su totalidad. Pero la complejidad es garantía de estabilidad, y ahí tenemos como ejemplo las selvas tropicales, que se mantienen vírgenes desde hace millones de años. ¿Cómo sigue funcionando esta inmensa maquinaria que no deja de producir madera y muchas cosas más?

Un sistema en circuito cerrado

La fotosíntesis aporta la energía necesaria. A este efecto, el bosque está organizado para captar el máximo de rayos solares. Y así, la superficie de las hojas representa ocho veces la superficie del árbol a ras de la tierra. Únicamente el frío o la escasez de agua son capaces de detener esta fábrica química. La biodiversidad ejerce de motor. Cuanto mayor sea el número de especies, mejor circulan los elementos minerales, que con frecuencia constituyen un factor limitante. El bosque funciona casi como un circuito cerrado. Los minerales son arrastrados a la tierra por kilómetros de raíces, grandes y pequeñas. Gracias a ellos y el agua, árboles, arbustos y vegetación herbácea fijan el carbono del aire en forma de biomasa, principalmente de madera, pero también de hojas y frutos.

La biomasa alimenta la cadena alimentaría: pájaros, mamíferos, insectos.  Todo lo que no es almacenado o consumido, es decir, gran parte de las hojas, formará en el suelo un lecho, que luego se convertirá en humus.

Un modelo económico

En esta cadena, las pérdidas son ínfimas y no se contamina. El ecosistema forestal ha puesto en marcha varios mecanismos para captar los minerales y evitar su arrastre por la lluvia. El más importante consiste en conservarlos mucho tiempo en forma orgánica, impidiendo pérdidas derivadas de la acción del agua. De este modo, el nitrógeno es capturado en otoño a través de los pigmentos  marrones de las hojas, que van a degradarse lentamente, y no será liberado hasta principios de la primavera, para que puedan desarrollarse las primeras alfombras de flores, anémonas y jacintos. Por otra parte, el tejido de las raíces funciona como un filtro, impidiendo el paso de elementos minerales (la madera contiene muy pocos). Las perdidas derivadas de la acción del agua, que van a parar a las capas freáticas o a los arroyos, o de la intervención del hombre (madera, setas o frutos), quedan suficientemente compensadas por los minerales de la roca madre, así el ecosistema forestal se perpetúa al margen de la intervención del hombre, al tiempo que le proporciona una fuente de riqueza renovable.

Pero no hay que sobrepasar ciertos límites: las talas incontroladas pueden producir erosión y un fuerte lavado de los minerales, que dificultará la reaparición del bosque. Del mismo modo, a lo largo de los siglos, se recogieron cantidades de lecho de hojas para alimentar ganado, que disminuyó la producción forestal como consecuencia de la perdida de calidad del suelo.

El bosque se compone de un mosaico de hábitats donde crecen y viven una flora y una fauna adaptadas. Los árboles viejos, llenos de cavidades, albergan a numerosas especies cavernícolas, mientras que los linderos soleados son más ricos en flores y mariposas.

Comprender el paisaje forestal

El paisaje forestal refleja el medio sobre el que está asentado el bosque, así como la gestión forestal que se ha practicado. Reconocer las especies y las plantas permite deducir el tipo de suelo: ácido, calcáreo, húmedo o seco, así como el ambiente, seco o soleado. La superposición de estratos revela la edad de la parcela y la intervención del hombre.

Una flor especifica en cada medio

Un bosque no es un todo homogéneo, sino el conjunto de una gran diversidad de medios, con características específicas, determinadas por la exposición a la luz, naturaleza y humedad del suelo, situación sobre la ladera de la colina, norte o sur. Las especies arbustivas y la flora del suelo nos permiten diferenciar el tipo de medio, por ejemplo, la presencia de alisos glutinosos revela que los bajos fondos son húmedos, la del fresno, indica suelos ricos y la del castaño o la del alcornoque, suelos ácidos. No tiene dificultad realizar este ejercicio, pues las especies forestales no son muy numerosas en el bosque templado (entre cinco y diez, generalmente). En cambio, los indicios para identificar un árbol sí lo son: tamaño, hoja, fruto, brote, corteza, lugar donde se encuentra, ya que no todas las especies pueden crecer en el mismo tipo de espacio. Es inútil tratar de encontrar un alerce o una picea en los Pirineos, si exceptuamos las plantaciones artificiales. En cuanto al roble, podemos localizarlo en altura o en las regiones atlánticas que cuentan con más de un metro de agua al año.

Una arquitectura ligada a la explotación forestal

El hombre ha trabajado el bosque en función de sus necesidades. Cada paisaje forestal es un reflejo del modelo de explotación a que ha sido sometido el bosque.
El monte bajo es propio de una explotación del bosque para leña. Este tipo de talas se efectuaban a menudo en el pasado: ya fuera para leña o para carbón, se necesitaban troncos de pequeño diámetro, fáciles de transportar y de manipular. De este modo los árboles se talaban cada quince a cuarenta años, según su productividad; y esto sólo lo permiten los foliados, que retoñan, pero no los resinosos. El monte alto se compone, sobre todo, de robles, carpes, castaños o hayas. Antes, cuando los campesinos necesitaban madera para construir o reparar una cubierta, siempre dejaban algunos tallos de reserva. Este tipo de bosque denominan monte bajo.

Hoy en día el monte bajo retrocede frente al monte alto, donde crecen grandes árboles de tronco recto, útiles para la construcción o la industria. Generalmente el monte alto produce árboles de la misma especie y parecido tamaño. Una vez que han alcanzado su máximo de producción –entre 120 y 180 años en el caso del roble pedunculado, que puede llegar a alcanzar los 300 años-, se efectúan talas rasas, luego, su crecimiento disminuye y los riesgos sanitarios se incrementan.

Escamondar el monte alto es un tipo de explotación menos agresiva para el bosque. Consiste en talar selectivamente los árboles adultos, individualmente o en grupos. Al abatir los ejemplares más grandes, se deja penetrar la luz en aquellas zonas que permanecían a la sombra, permitiendo el crecimiento de los ejemplares más jóvenes. De este modo, se preserva la riqueza forestal y se eliminan los claros.


Nuevos tipos de bosques

Bosques jóvenes artificiales

Desde hace aproximadamente cien años, se vienen realizando repoblaciones de árboles en terrenos poco productivos para la agricultura, como las landas arenosas, los Alpes del Sur  (para evitar la erosión) o el litoral (para fijar dunas). Generalmente, con ejemplares de una única especie, como el pino marítimo, la picea, el abeto Douglas, el pino silvestre o el pino negro. Estos bosques nuevos, fácilmente reconocibles por su <monocultivo>  y el alineamiento  de las plantaciones, se entresacan regularmente con objeto de eliminar progresivamente una parte de los árboles. El objetivo es obtener 200 ejemplares adultos cada 1000 plantados. Los troncos procedentes de las primeras talas van a destinarse a fabricar pasta de papel. Pasado un tiempo, ya podemos diversificar el bosque. Los árboles derribados por el viento. En segunda generación, se puede obtener un bosque mezclado, más rico en biodiversidad y mucho más productivo.

Recuperación del bosque

Desde mediados del siglo pasado, se han recuperado cerca de 30 millones de hectáreas de bosque en Europa. Las repoblaciones forestales suponen una ínfima parte de esta superficie. El árbol tiende a crecer por encima del resto de vegetación, de forma natural. Landas, cuestas y todo terreno de difícil explotación (como algunos viñedos), una vez desaparecidos el ganado y el arado, son un terreno propicio al desarrollo de la vegetación. Algunas especies, denominadas pioneras, se adaptan especialmente bien: el abedul, el sauce, el olmo, el aliso y el álamo producen semillas muy ligeras que son diseminadas por el viento. Muchas de ellas poseen mecanismos de dispersión, como las sámaras del fresno o del arce, los manojos de filamentos de las semillas de álamo o de sauce, las alas de las semillas del pino o las brácteas de la inflorescencia del tilo. Otras, como las bellotas del roble o los fabucos de haya, son transportadas por los pájaros, pero a menor distancia. Y por fin, algunas especies como el cerezo silvestre, el álamo, el cornejo o la acacia se reproducen por retoños: sus raíces, al cabo de unos metros, resurgen de la tierra y producen  un nuevo retoño. Al borde de los ríos, la repoblación forestal en terrenos devastados por las crecidas, se realiza por simple desqueje. Estos bosques jóvenes de repoblación son fácilmente reconocibles por el predominio de especies pioneras, como el avellano, el álamo o el arce.

Escuchando a los pájaros

En pleno mes de mayo, un bosque de Europa occidental es comparable a una orquesta compuesta por decenas de instrumentos diferentes. ¿Cómo podemos diferenciarlos si cada uno sigue su propia partitura? Unos la declaman a voz en grito, otros la susurran apenas, los hay que rozan la perfección, en cambio otro grupo canta machaconamente la misma melodía… Para lograr identificar a los pájaros por su canto hay que tener paciencia, tenacidad y mucha concentración: un oído <<ornito>>  se adquiere con tiempo y experiencia.

El mundo de las sombras

Contrariamente a la selva virgen, auténtica enredadera de árboles vivos y muertos, nuestros bosques suelen ser muy pobres en madera podrida, medio donde se desarrolla una flora abundante, compuesta fundamentalmente por hongos, y una fauna rica en especies diversificadas y especializadas. Su cometido es fundamental para reciclar esta materia orgánica en elementos minerales, que serán asimilados por las plantas. La riqueza del suelo forestal es directamente proporcional a la de la vida que en ellos se desarrolla.

 La recolección de las setas

La función de las setas en el equilibrio ecológico del bosque es considerable. Esta es una de las razones por las que debemos respetarlas, aunque sean tóxicas. Estos organismos se dividen en tres categorías. Los saprofitos, los hongos parásitos, como los poliporos y las micorrizas, categoría a la que pertenecen la mayoría de las setas clásicas de los bosques (boletos, rúsulas, lactarios, amanitas, etc.), que los recolectores y gourmets aprecian tanto.

Riquezas del talud

Cuando paseamos por un camino forestal, resulta sorprendente apreciar la variedad de flores que crecen en las cunetas, diferentes a las que viven a la sombra de los árboles. Estas laderas, más o menos pobladas, constituyen una especie de lindero, transición entre la calzada y el macizo forestal propiamente dicho. Sus condiciones ecológicas son diferentes de las que encontramos en los medios circundantes.

Taludes artificiales y naturales

Un talud es una porción de tierra elevada, de dimensiones variables, generalmente rematando por una cuneta y caracterizado por una vegetación especifica. Puede bordear un camino, abierto como consecuencia del paso de animales y hombres; en este caso, se construye con el tiempo. Pero también puede ser fruto de una construcción artificial con tierra o piedra; en este caso, se trata de una arquitectura concienzuda y sabia, que remonta a una época lejana en el tiempo.

La flora de las charcas

Las charcas suelen aparecer en el recodo de un camino forestal, de forma inesperada. Poseen un halo misterioso, probablemente relacionado con su origen. Además, cambian con las estaciones: en verano, están prácticamente secas o cubiertas de minúsculas plantas verdes y, en invierno, rebosan de agua oscura. Estas variaciones no impiden que en ellas se concentre una vida abundante.

La noche de las ranas

Al final del invierno, las principales especies de anfibios forestales se reúnen por la noche en los puntos de agua para reproducirse. Decenas de machos de ranas y de sapos macho invaden las charcas y compiten para obtener los favores de las hembras. Tampoco es raro a ver a alguna salamandra dirigiéndose hacia un punto de agua.

Tras las huellas de los mamíferos

La mayoría de los mamíferos salvajes son animales difíciles de localizar. Los más inaccesibles son nocturnos y especialmente discretos, a diferencia de muchos pájaros, activos de día, con colores vivos y cantos sonoros. La llave de acceso al mundo de los mamíferos son las huellas, que debemos aprender a buscar e interpretar. A medida que pasamos tiempo sobre el terreno, es posible recoger mucha información sobre la actividad de ciervos, corzos, jabalíes o carnívoros forestales.

Bichos del camino

Los caminos forestales atraen a multitud de animalillos, por sus características: sol y vegetación baja en las cunetas. Insectos con costumbres discretas se dejan ver cuando cruzan un sendero, otros se instalan en la vegetación de la ladera. Las arañas pueden llegar a construir su tela cortando el paso. Es un medio que permite observar muchas cosas, cualquiera que sea la dirección de la mirada, hacia arriba o hacia abajo.

Los arbustos de los matorrales

Los matorrales constituyen un medio singular, en el que se agrupan franjas de macizos forestales, bosquecillos o cercados abandonados. Se sitúan en la frontera de otros espacios que, en general, el hombre mantiene productivos: praderas, campos de labor y bosques. Desde este punto de vista, pueden considerarse como zonas libres, en las que puede instalarse cualquier planta, siempre y cuando encuentre condiciones favorables.

El baile de las rapaces

Entre los bosques y el campo abierto se encuentra un medio apasionante, los linderos. Como constituyen una frontera natural entre estos dos hábitats tan diferenciados, es un espacio ideal para que se produzcan intercambios que enriquecen, aún más si cabe, el medio. Y así, los pájaros del bosque salen a cazar a los linderos con la seguridad de que pueden volver rápidamente a él, si se ven amenazados. En cambio otras, como el cernícalo, pasan la noche encaramados en los árboles del lindero.

 Los reptiles del bosque

Cuando paseamos por el bosque en días soleados, observamos cómo huyen los lagartos hacia los arbustos, en cuanto oyen pasos. Unos minutos más tarde vuelven a salir al sol. Si nos retiramos unos metros, podemos observarlos con los únicos reptiles que encontramos en el medio forestal, también viven varias especies de serpientes: la víbora áspid y, sobre todo, la culebra de Esculapio, especie típicamente anclada en el bosque.

Los medios abiertos

En un bosque, los medios abiertos son excepcionales. En un macizo natural, los claros surgen como consecuencia del fuego o de la tempestad. En nuestros bosques actuales, son producto de la explotación forestal. Entre la población de árboles, forman medios autóctonos con su flora, su fauna y sus características hidrológicas y de luz.

 Los colonos del bosque

En el bosque, una parcela que acaba de ser roturada, alberga una flora particular. La luz llega de forma brusca al suelo, al mismo tiempo que se acentúan las variaciones de temperatura y humedad. A partir de ese momento, crecen otros tipos de plantas, sobre todo nitrofitas e hidrofitas, que se adaptan bien a la subida de la capa freática (no hay árboles para bombear el agua del suelo). Mientras se reconstruyen el estrato arbóreo, una nueva flora se desarrolla en la parcela.

El alfombrado verde de los claros

Penetrar en un claro significa abandonar la sombra de los árboles grandes y el humus forestal, para llegar a un prado con una vegetación un poco distinta de la que tapiza el sotobosque. Aquí, han desaparecido los jacintos o anémonas, para dejar paso a las gramíneas y hierbas de pleno sol, pues las condiciones de vida de las plantas ya no son las mismas que tenían en el macizo.

En conclusión, el bosque no solo son los árboles sino, son infinidad de especies vegetales y animales y también es nuestra fuente de vida, el bosque es parte de nuestro ecosistema y para hacer un mundo más sostenible debemos de tener conciencia de que todo lo que hay en él son seres vivos que cumplen su función en el ciclo de la vida.




FUENTE: “Los caminos de la naturaleza” Bosques y florestas --- Ecoguía para descubrir la naturaleza

Editorial H. BLUME