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sábado, 4 de enero de 2014

Historia de los bosques de Europa

ARTE Y JARDINERÍA DISEÑO DE JARDINES

Historia de los bosques de Europa



Los bosques del oeste de Europa tienen una historia propia, en la que el hombre interviene en fecha muy reciente y con escaso protagonismo, aunque éste sea cada vez más decisivo. Si bien es cierto que nuestra masa forestal no se parece mucho a los bosques que se sucedieron a partir del carbonífero, sigue constituyendo un ecosistema sorprendentemente rico y complejo.

Y se hicieron los árboles....

Los bosque primitivos, formados por helechos gigantes, aparecieron en el período carbonífero. Se puede juzgar su importancia por los yacimientos de carbón, desde los estratos constituyen auténticas páginas de un libro donde poder leer las huellas fosilizadas, los calamites y sigilarias.

Actualmente resulta difícil imaginar la enorme diversidad biológica de aquellos bosques, de los que se han identificado unas 20000 especies, únicamente durante el período jurásico. Por supuesto nos referimos a las selvas tropicales actuales, donde aparecen los primeros árboles, las coníferas.

Los helechos tienen la inmensa propiedad de conocer semillas
resistentes a las condiciones más desfavorables, herramienta imprescindible para conquistar los medios más extremos, ya sea en regiones secas o frías. Van a ocupar gran parte de la tierra emergida, diversificándose y dando lugar a las secuoyas, pinos, abetos, alerces, piceas, cedros, etc, y muchas otras especies de las que sólo quedan 600.

A finales del cretáceo nace un nuevo grupo: las angiospermas (frondosas), que representan hoy en día 25000 especies, en su mayoría delimitadas en el oasis ecuatorial, que ha permanecido al abrigo de las últimas glaciaciones.

El gran traumatismo glaciar

La historia de nuestros bosques europeos debe tener muy en cuenta el cuaternario, período de inmensos glaciares en el que se extinguieron la mayoría de las especies de árboles de nuestro continente.

Hoy en día, apenas quedan un centenar repartidas por toda Europa, y de éstas, únicamente una decena en los bosques boreales. Los hielos cubrían entonces gran parte del norte de Europa, Inglaterra, Suiza y Austria, creando una barrera en los Pirineos. Con ellos desaparecieron las secuoyas, laureles y palmeras. Y antes, el viento, con frecuencia una ventisca glacial, erosionaba todo a su paso. Francia era una vasta tundra, parecida a la que existe actualmente en el norte de Finlandia o en el este de Europa.

Cuando los hielos alcanzaron su extensión máxima, hace 10000 años, los árboles se refugiaron en Andalucía, Sicilia, el Peloponeso y las costas del mar Negro. El Mediterráneo constituía un obstáculo infranqueable, tanto en un sentido como en otro, impidiendo que África pudiera repoblar Europa. A ello hay que añadir la barrera de los Alpes o los Pirineos, cadenas de orientación este-oeste.

Nuestros bosques templados se convirtieron en los más pobres de
especies del mundo, si los comparamos con los de América del Norte, China o Japón, en los que la repoblación de especies a partir del sur no tenía obstáculos. Por esta razón, encontramos aproximadamente seis veces más de especies de robles, arces u olmos. Una diversidad sin embargo desdeñable si la comparamos con los 50000 de los bosques ecuatoriales, donde la relativa estabilidad climática ha permitido la aparición y adaptación de una flora muy rica.

Supervivientes de la Era Preglaciar

Los bosques mediterráneos son los más ricos en especies, y también los más explotados por el hombre. Podemos encontrar auténticas reliquias, como el abeto pinsapo, que sólo sobrevive en las sierras de Cádiz y Málaga, o el abeto nebrodensis, presente únicamente en
Sicilia. De las once especies de abetos (del género Abies) con que cuentan las laderas del Mediterráneo, sólo una crece en Francia. 

Subsisten tres especies de cedros en el Atlas, en Chipre, y en las montañas del Líbano y del Taurus, en Turquía. Córcega cuenta con una especie autóctona de aliso, acorazonado, presente también en Cerdeña y en el sur de Italia; así como una especie endémica, el pino negro, famoso por albergar a un pájaro, el herrerillo, éste también autóctono.


Fuente: Bosques y Florestas. De Paloma Carrillo de Albornoz Nuño. Editorial Blume.





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