Buscar en este blog

domingo, 12 de enero de 2014

BELLEZA EN LA SOMBRA: DISEÑO DE JARDINES

ARTE Y JARDINERÍA DISEÑO DE JARDINES

Consejos en el Jardín de sombras



Podría escribirse un libro entero de sugerencias adaptadas a los distintos tipos de sombras en el jardín y aun así seguramente no se recogería el amplio abanico de posibilidades existentes para su diseño.

Los consejos que ofrecemos aquí remiten principalmente a los sectores ajardinados típicos.

No obstante, buena parte de ellos pueden extrapolarse sin dificultad a otras zonas no descritas, como puede ser al jardín delantero o a los lugares soleados destinados al ocio.

a la sombra del bosque

En el sector arbóreo, tanto entre los solidarios como al lado de los arbustos que crecen juntos, o bien al pie de los setos siempre hay alguna zona poco satisfactoria, donde cualquier intento por reverdecerla ha resultado vano.

Cuando ocurre tal cosa, cabe preguntarse si merece la pena empeñarse a toda costa en plantar algo.

Sobre todo en sectores apartados del terreno, tal vez sería mejor dejar algunas zonas sin vegetación bajo las coníferas o cubrirlas con algunas plantas
silvestres, siempre que éstas no se internen en otros sectores del jardín.

Además, estos lugares ‘vírgenes’ pueden ser un refugio muy valioso para los animales. Los troncos en descomposición, los montones de leña, hojarasca y piedras ofrecen cobijo a algunos animales útiles que pueden diezmar considerablemente las colonias de caracoles, gusanos y otras larvas de insectos. Estos rincones de protección natural situados en las sombras de la floresta pueden combinarse con otros elementos de diseño como es el empleo de coberturas de suelos y superficies.

Suelos verdes y floridos

Junto a los céspedes especiales para zonas sombrías, también se puede recurrir a numerosas plantas vivaces y arbustos pequeños ya mencionados para cubrir las zonas situadas bajo los arbustos a modo de una alfombra verde o florida.

El jardín se torna muy vistoso cuando el lóbrego entorno de coníferas se ilumina con las florecillas amarillas de la Waldsteinia geoides, el Corydalis lutea o el Hypericum calycinum. Las coberturas de suelo que mejor se adaptan a las raíces superficiales y a la lluvia de agujas de abetos y pinos adultos son la Glechoma hederácea, el Oxalis acetosella y la hiedra; en lugares luminosos pueden plantarse además mayugas y Geranium macrorbizum, G. sanguineum. También la Pachysandra crece satisfactoriamente bajo las coníferas.

Debajo y entre los pinos o cedros, las posibilidades de elegir coberturas es claramente más amplia; la mayoría de los árboles y arbustos de copa admite toda la gama de plantas rastreras y vivaces, siempre que la posición de las sombras y el suelo se ajusten a sus necesidades. Con la Oxalis y el Asarum europaeumse pueden reverdecer incluso las sombras más espesas. Cuando estas plantas han crecido, al llegar el otoño se pueden colocar además unos bulbos de flores debajo de los arbustos que pierden las hojas.

Unos grupos dispersos de estrellitas azules o con Eranthis biemalis se extienden con el tiempo por sí mismas y cada año proporcionan un jaspeado de colores primaverales.

Entre las plantas rastreras hay que citar sobre todo la hiedra, que permite resolver todo tipo de problemas. Con ella pueden cubrirse aquellas zonas de los setos desnudas en la parte inferior y entre sus retoños puede plantarse también ortiga menor, una clara alternativa a tener en cuenta cuando se pretende renovar radicalmente los setos.

Muchas plantas rastreras robustas se extienden vigorosamente mediante
estolones.

No obstante, siempre conviene tener cuidado con esto cuando se pretende plantar algunas otras en zonas limítrofes o cuando se desea colocar vivaces, hierbas y helechos algo más altas entre ellas. En caso necesario, estas últimas no deben verse importunadas por la presión de crecimiento que ejercen las rastreras, al menos hasta que hayan crecido lo suficiente. Para grupos de plantas mezcladas y ricas en alternancias situadas en las sombras del bosque, existen algunos especímenes rastreros tolerantes, como la Saxifraga umbrosa. También las familias que se extienden por la superficie por reproducción espontánea son apropiadas para cubrir zonas donde se ubican vivaces más grandes, como por ejemplo la prímula (Primula elatior), la Brunnera macrophilla y la Alchemilla mollis.

Un punto de atención en la penumbra

En todos los lugares donde haya espacio libre entre los arbustos se pueden plantar vivaces altas que toleren las sombras, como aguileñas, acónitos, sello de Salomón, además de Hosta y helechos.

La mayoría son más llamativas cuando se plantan en pequeños grupos o se combinan con otras especies. Se recomienda ser cometido incluso en grandes zonas sombrías; unas pocas vivaces colocadas estratégicamente son más vistosas que un ‘popurrí’ con toda la gama de plantas para sombra.

Aunque en estas combinaciones las plantas deben estar más dispersas y no tan juntas como en un arriate, podemos guiarnos por el principio de la composición en grupo, de tal manera que una especie ornamental de gran tamaño  de flores de larga duración domine la combinación, que se completaría con unas acompañantes adecuadas que se adapten bien, así como con unas vivaces de relleno.

Este conjunto puede repetirse después con pequeñas variaciones en distintos puntos de zonas sombrías. Como ejemplo, valgan estas dos singulares combinaciones, una de ellas para lugares difíciles entre coníferas; y otra consistente en una composición que ilumina zonas de sombras intensas con tonos blancos.

Grupos de plantas para coníferas: acónito azul o amarillo (Aconitum napelus, A. vulparia) – Actaea pachypoda – Luzula sylvatica – Blechnum spicant, Adiantum pedatum – Violeta (Viola odorata); entre éstas, se puede plantar la dedalera (Digitalis purpurea) en puntos luminosos.

Grupo de plantas en blanco: sello de Salomón (Polygonatum commutatum) – Smilacina racemosa – Hosta sieboldii – campánula de mayo o muguet (Convallaria majalis); en puntos luminosos anémonas de Japón (híbridos de Anemone japónica), y para una floración temprana el heleboro negro (Helleborus niger).

En ambas combinaciones pueden destacar también las atractivas Aruncus
dioicus, si disponen de espacio suficiente para desarrollarse. Igualmente se adapta bien esta universal de las sombras con las espléndidas corona de novia (Spireaea), geranios y campánulas. No obstante, son más vistosas por separado o sólo unas pocas ante un muro verde, por ejemplo al pie de un grupo de coníferas.

Por último, deberían mencionarse también los elementos decorativos que crean ambiente en el crepúsculo de árboles y arbustos, como pueden ser bloques de piedra que con el tiempo se cubran de hiedra y troncos o raíces de árboles.

Asimismo, un decorativo abrevadero para pájaros o – si es de nuestro gusto – piedras de imitación y figuras pueden proporcionar una gran plasticidad al conjunto.

Paisajes boscosos

Con toda esta variedad de vivaces no deberíamos olvidar las posibilidades que ofrecen los árboles y arbustos que toleran las sombras.

Se crean pequeños paisajes boscosos cuando, los arbustos de gran tamaño hacen las veces de sotobosque y los espacios libres se cubren por ejemplo con anémonas o Allium ursinum.

Las grosellas de los Alpes, las frambuesas aromáticas o las madreselvas (Lonicera tatarica) también componen un bonito sotobosque. En los rincones profundos, la imperturbable mahonia puede embellecer las sombras del bosque y, en lugares luminosos, el torvisco (Daphne) anuncia la llegada de la primavera con flores tempranas.

En el esfuerzo por embellecer las sombras de la vegetación con vivaces, arbustos y plantas rastreras, siempre hay que tener en cuenta que se trata de lugares peculiares y a menudo de plantas algo “silvestres”. Este tipo de conjuntos desarrollan su propia dinámica y su crecimiento no puede dirigirse con tanta precisión como un parterre de flores vivaces. Siempre puede uno llevarse buenas y malas sorpresas, ya que, a pesar de una esmerada elección y de los cuidados del comienzo, cabe la posibilidad de que algunas vivaces no aguanten. A este respecto, recordar que, entre los arbustos, los lugares luminosos no son estables, sino que con el tiempo serán cada vez más sombríos. Sin embargo, a menudo las vivaces semiumbrías de reproducción espontánea o por estolones, buscarán por sí mismas si lo necesitan un lugar más prometedor.

Fuente: El jardín de sombra
Joachim Mayer

Editorial Cupula


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada