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martes, 24 de enero de 2012

PODA DE CONÍFERAS

ARTE Y JARDINERÍA Diseño de Jardines

Como podar y guiar a las coníferas



La mayoría de las coníferas son plantas perennes de hojas en forma de escama o de aguja que dan unos frutos similares a las piñas. Sin embargo, existen algunas caducifolias, como Larix y Metasequoia o un cultivar de Ginkgo, que presentan unas peculiares hojas grandes y venosas. Hay coníferas de tamaños, hábitos, formas y colores muy variados. Téngalo en cuenta en el momento de escoger una: procure que no resulte demasiado grande o llamativa para su jardín.

La mayor parte de las coníferas generan un tronco principal dominante que les confiere su típica forma cónica. Salvo raras excepciones, no requieren mucha poda. En los ejemplares adultos, se puede prescindir de la poda, excepto en aquellos casos en los que resulta esencial: reparar graves daños o reformar un ejemplar desquilibrado. Como el resto de especímenes, sin embargo, se benefician de una poda en sus primeros años, que les evite futuros problemas.

Es preferible que sea usted mismo quien las plante, siempre y cuando no busque un cultivar especial como, por ejemplo, uno en forma de huso o uno enano. Los esquejes extraídos de los vástagos laterales suelen crecer inclinados, como la rama de la que se tomaron, y es muy difícil formarlos verticalmente a modo de eje central. Este fenómeno se acentúa cuando se trata de píceas (Picea), abetos (Abies) y pinos (Pinus); en el caso del tejo (Taxus) y el alerce (Larix), esto no siempre se cumple. Las plantas de la familia de las Cupressaceae (como por ejemplo, Chamaecyparis, Cupressus y Thuja) son menos dadas a tener este tipo problemas de crecimiento.

Comprar y plantar

Antes de plantar una conífera, compruebe que sus raíces no están comprimidas y que son fuertes y fibrosas. Rechace las plantas con raíces comprimidas porque rara vez logran desarrollar un sistema de raíces lo suficientemente robusto. Eso da lugar a problemas de estabilidad, y frena el crecimiento de la planta lo que le acarreará dificultades en un momento u otro. Trasplante con cuidado el ejemplar para no dañar las fibras de las raíces. A continuación, alimente y riegue el árbol y cubra el suelo con un manto cobertor. Las coníferas suelen sufrir mucho con los trasplantes. Obtendrá mejores resultados si planta árboles jóvenes de 30 a 90 cm de altura.

No estaque las coníferas. El zarandeo del viento es lo que les permite reforzar el tejido de sus tallos y crear un sistema de raíces muy estable.

Formar y podar

Dar con el momento adecuado para podar una conífera es crucial. Muchas de ellas son plantas con mucha resina, que pierden mucha savia cuando se podan. En época de crecimiento, las pérdidas de savia aumentan. Esto ocurre primero al inicio de la primavera y se repite en verano: evite podar en esos períodos. La mejor época para podar va del otoño a mediados del invierno, que es cuando la savia circula con más lentitud.

Guiar un vástago principal

La mayoría de las coníferas cuentan con un vástago principal fuerte y, mientras son jóvenes, lo sustituyen de modo espontáneo si sufre algún daño. Si ese vástago se rompe, escoja otro y guíelo para que lo sustituya lo antes posible. En su juventud, no es habitual que la planta genere dos renuevos para compensar la pérdida del vástago guía; pero cuando el árbol ya es adulto, eso suele ocurrir. Numerosas coníferas producen grupos de tres o más vástagos apiñados en un mismo punto del tallo. De todos modos, los abetos, aún jóvenes, suelen generar vástagos dobles cuando se ha dañado una parte. Elimine uno de ellos para que quede un único vástago guía y para evitar que se desarrollen ramas con ángulos cerrados que podrían poner en peligro el árbol adulto.

No todas las coníferas son de eje central. Metasequoia glyptostroboides es de porte arbustivo pero crece erguido sin necesidad de intervención del jardinero. Algunas coníferas presentan una estructura de arbusto y un hábito muy compacto como, por ejemplo, el enebro. Si en su copa aparecen varios vástagos principales abiertos, no dude en atarlos para que no se pierda el hábito denso. De este modo, evita que la nieve o el viento puedan dañarlos.

Algunas coníferas, como Cedrus deodara, cuentan con vástagos guía péndulos. La yema terminal se inclina y la protegen varias yemas laterales. Al final de la época de crecimiento, el vástago se yergue y la yema terminal retoma su posición apical. No pode ni forme verticalmente este tipo de vástagos porque suspenderían su crecimiento.






Despejar el tronco

Antes de despejar el tronco, tenga presente la forma, el tamaño y el comportamiento que tendrá el árbol adulto. Eso le proporcionará la pauta para decidir hasta qué altura va a despejarlo. La mayoría de las plantas de la familia de las Cupressaceae prefieren conservar ramas en la base, lo mismo ocurre con los abetos. Las coníferas como Picea bungeana presentan una hermosa corteza aunque no deben despejarse demasiado. Retire las ramas inferiores, pero tenga cuidado de que el árbol no pierda su forma natural.

En el caso de coníferas de hábito péndulo o semipéndulo, como Picea smithiana y P. breweriana, es conveniente cortar las ramas inferiores para que no toquen el suelo. En muchos casos, es preferible despejar bastante el tronco para que la forma del árbol se aprecie en todo su esplendor. Cuando el ejemplar sea lo suficientemente fuerte, despeje el primer metro del tronco para un espécimen de 2,5 a 3 m. pode las ramas cerca del tronco para que las cicatrices apenas se vean y se curen pronto. Vuelva a despejar el tronco al año siguiente y siga así hasta alcanzar los 2 m o más, según la altura del ejemplar adulto. Un árbol de 20 m quedará bien con un tronco de 4 a 6 m.

Con los años, las coníferas pierden los grupos de vástagos apiñados que se encuentran más cerca de la base. Pode cuanto antes las ramas muertas o a punto de morir.

 Fuente: Enciclopedia de la Poda
Royal Horticultural Society

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