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lunes, 31 de octubre de 2011

Ciprés de los pantanos (Taxodium distichum)

ARTE Y JARDINERÍA Diseño de Jardines

Ciprés de los pantanos y sus características

Familia: Taxodiáceas





       El ciprés de los pantanos es oriundo del sudeste de América del Norte (regiones de Florida y Mississippi.

       En estado natural, este árbol ocupa las planicies húmedas con altos niveles de aguas subterráneas (capa freática) o incluso en ocasiones permanentemente inundados.
       En tales biotipos se presenta frecuentemente un problema para el sistema radicular, dado que no pueden proveerse adecuadamente de oxígeno. Sin embargo las raíces del ciprés de los pantanos presentan una adaptación a la vida en zonas inundadas: desarrollan, formando parte de su aparato radical unas “nudosidades respiratorias”, de hasta cerca de 40 cm de altura, dispuestas en torno al árbol y que finalmente llegan a atravesar la superficie del agua.


       A través del tejido poroso de estos neumatóforos, el oxigeno atmosférico puede ser conducido hasta los sectores más profundos de las raíces.
       Esta peculiaridad puede observarse en ocasiones en árboles cultivados en parques públicos, suponiendo lógicamente que éstos hayan sido plantados en las proximidades del agua y que alcancen ya una edad suficiente.
       Los cipreses de los pantanos estaban ampliamente distribuidos por todo el mundo durante la Era Terciaria. En estratos de aproximadamente veinte millones de años de antigüedad sobre los lignitos de la región de Renasa se encuentran fósiles que apenas pueden diferenciarse de los cipreses de los pantanos recientes.
       Es una conífera caducifolia de hasta 50 m de altura. La copa en los árboles se hace progresivamente redondeada y casi siempre roma en su ápice. Su tronco recto y muy ancho en la base, pero inmediatamente se estrecha de forma progresiva hasta el ápice. Ramas ligeramente péndulas. Corteza marrón rojiza clara o marrón pálido.

       Las acículas están dispuestas en espiral en las ramitas largas; brotes opuestos alrededor de 10 cm. de longitud, planas, lineares, opuestas.
       Las inflorescencias o conos masculinos están dispuestos en grupos numerosos en el extremo de las ramitas del año anterior, amarillento o púrpura. Conos femeninos de 1-3 cm. de longitud, más bien globulares o ligeramente en forma de huso, formada por pocas escamas.
       Época de floración de abril a mayo.

Fuente: Guía de la Naturaleza Blume


       

viernes, 21 de octubre de 2011

PLANTAS DE ROCALLA

ARTE Y JARDINERIA Diseño de jardines

Las plantas de rocalla y su utilización en Diseño de Jardines




Las plantas de rocalla son notables por su encanto y sencillez naturales, flores abundantes de colores claros en primavera y principios del verano, las plantas de roca son adecuadas para casi cada situación, desde el más diminuto al más grande jardín de rocalla.

¿Qué son las plantas de roca?

El término plantas de roca incluye bulbos y perennes que forman acolchado y almohadillado (muchos de ellos siempre verdes), así como coníferas enanas siempre verdes y árboles y arbustos de hoja caduca. Pueden ser verdaderas alpinas o simplemente plantas de pequeñas estatura, adecuadas para el jardín de rocalla. Aunque muchas de las alpinas tienen necesidades especializadas, este último grupo incluye muchas especies y cultivares, como aubrecias y la Aurinia saxatilis, que plantean pocas exigencias de cultivo y prosperan en cualquier lugar bien drenado de aspecto adecuado.

Las verdaderas alpinas crecen a grandes alturas, por encima de la línea de árboles, en laderas de cantos rodados, en las grietas de las rocas o en la turba superficial, mientras que las subalpinas viven por debajo de la línea de árboles, en laderas rocosas o en los pastos o prados altos. La mayoría de las alpinas son de porte compacto y frecuentemente tienen raíces profundas, habitualmente con hojas pequeñas de aspecto curtido, carnosas o cubiertas de fino tomentoso. Estas adaptaciones las ayudan a sobrevivir a los vientos secos y fuertes, a un sol brillante que quema y a las extremadas fluctuaciones de temperatura de su hábitat natural.

La mayoría de las plantas de roca crecen en zonas caracterizadas por suelos pedregosos con drenaje rápido, por lo que no pueden resistir la combinación de humedad constante en las raíces y frío invernal que se experimentan en los jardines de las alturas bajas. A estas especies tampoco les gustan los veranos cálidos y húmedos. En la naturaleza, las especies de porte alto se hallan aisladas del frío invernal por un manto de nieve, por debajo del cual permanecen dormidas a temperaturas alrededor de los 0º C hasta que llega la primavera. Los ambientes que imitan las condiciones naturales, como los jardines de rocalla, los macizos de cantos rodados, las macetas alargadas, lechos elevados, estructuras abiertas y casas alpinas son por tanto los mejores para cultivar las plantas de roca, que deben tener un muy buen drenaje y, habitualmente, protección de la excesiva humedad invernal.

Diseño con plantas de roca

Una de las principales atracciones de este grupo es su diminuto tamaño, capaz de satisfacer el afán del jardinero por su diversidad, ya que puede cultivar numerosas plantas diferentes en un espacio relativamente limitado. En un jardín de rocalla, como en las plantaciones a gran escala, se pueden utilizar arbustos pequeños para formar el marco estructural de un diseño, como la fragante Daphne cneorum, la D. retusa o Salix bockii y la S. apoda. Las coníferas enanas, como el Juniperus communis “Compressa”, pueden crear énfasis vertical y dar color durante todo el año, en contraste con las plantas de porte redondeado, como la siempre verde Hebe cupressoides “Boughton Dome”.

Esta estructura se puede llenar luego con plantas que formen acolchado o almohadillado, como arenarias (Arenaria) o la Dianthus deltoides, al pie de pulsatillas más altas de hojas plumosas o de la airosa Linum narbonense. También hay saxifragas compactas, de forma abovedada, o del género sedum que forman rosetas y siemprevivas de hojas carnosas, cuyas superficies contrastan perfectamente con las hojas blancas y pilosas del edelweiss (Leontopodium) o las hojas sedosas y plateadas de las celmisias.

Mantener el interés todo el año

Las plantaciones siempre verdes y estructurales son más importantes en los jardines de rocalla que en los de otro estilo porque la mayoría de las alpinas florecen al mismo tiempo, entre primavera y principios de verano. La temporada, se puede ampliar plantando bulbos de principios de primavera, como narcisos alpinos o azafranes y utilizando plantas que florecen más tarde, como heliantemos, floxes o verónicas, así como las que florecen en otoño, como la Persicaria vacciniifolia, los ciclámenes o las gaulterias portadoras de bayas.

Paisajes en miniatura

En los patios o jardines diminutos o allí donde el suelo del jardín abierto es demasiado pesado o el drenaje fuera inadecuado, se pueden cultivar plantas de roca en macetas alargadas o lechos elevados, para crear paisajes en miniatura. Esto último también permite situar las plantas pequeñas más cerca del nivel de la vista y son ideales para jardineros de movilidad reducida.

Los muros de piedra seca también son lugares potenciales para el plantado de muchas plantas amantes de las grietas, como las lewisias o ramondas, mientras que la parte alta de los muros son posiciones de plantado ideales para ejemplares de caída en cascada, como la Saxifraga “Tumbling Waters”.




Fuente: Nueva Enciclopedia de PLANTAS Y FLORES
The Royal Horticultural Society

jueves, 20 de octubre de 2011

PALMITO – Chamaerops humilis. Familia: Palmáceas

ARTE Y JARDINERÍA Diseño de Jardines

Palmito. Palmera autóctona de Europa. Sus características



El Palmito-Chamaerops humilis es un arbolillo de hasta 5 m de altura, pero casi siempre mucho más bajo, y frecuentemente con varios troncos surgiendo juntos del suelo. El tronco o estípite es el característico de la familia, sin distinción entre corteza y leño y sin crecimiento secundario (es decir, de grosor uniforme y constante); está recubierto en toda su longitud por las bases de los pecíolos de las hojas muertas.

Las hojas, persistentes, constan de un largo pecíolo (30 – 40 cm.), comprimido y armado de fuertes aguijones, y de un limbo coriáceo en forma de abanico, profundamente hendido hasta su mitad en 10 a 15 segmentos rígidos, estrechamente lanceolados.

Las flores, diminutas, de color amarillento, se hallan reunidas en densos racimos, rodeados en su base por una gran vaina coriácea (la espata), y dispuestos entre las axilas de las hojas. Los frutos, del tipo drupa, son ovoides, pardo – rojizos en la madurez. La floración ocurre en primavera, y los frutos maduran en otoño.

El palmito está muy bien adaptado al clima mediterráneo seco, siendo amante de las exposiciones soleadas. Es capaz de vegetar en suelos muy pobres. Vive en las tierras bajas, ascendiendo hasta los 1000 m en la Serranía de Ronda. Sus profundos rizomas emiten abundantes renuevos, formando así extensos palpitares, difíciles de penetrar.

Esta especie, la única palmácea autóctona de Europa, se extiende por las regiones litorales del Mediterráneo occidental: sudoeste de Italia, este y sur de la península Ibérica y extremo norte de África. Por su valor ornamental, el palmito se cultiva en parques y jardines.




Fuente: Árboles y arbustos de España
Editorial: Salvat
Juan Ruiz De La Torre

miércoles, 19 de octubre de 2011

ADELFA – Nerium oleander. Familia: Apocináceas

ARTE Y JARDINERÍA Diseño de Jardines

La Adelfa y sus características



La adelfa es un arbusto de 2 a 3 m de altura, y a veces más. Su sistema radical es potente y profundo. El tronco es recto, de corteza lisa, pardo – grisácea. Las ramas son largas, erectas y flexibles.

Las hojas, persistentes, tienen un pecíolo muy corto y un limbo coriáceo, de 10 a 20 cm. de longitud, estrechamente lanceolado, aguzado en el ápice.

Las flores son grandes, con corola de cinco pétalos rosados o rojos, rara vez blancos, soldados en la base a modo de embudo. El fruto es seco, del tipo folículo, de 10 a 17 cm. de largo; contiene numerosas semillas, cada una con un penacho de pelos en su ápice. La floración acontece en verano.

La adelfa resiste elevadas temperaturas y gran sequedad en el aire, con tal de que sus raíces encuentren cierta humedad. Es una planta típica de las ramblas, barrancos y cursos de agua temporales de la región mediterránea, viéndose acompañada con frecuencia por tarayes, sauzgatillos y otras especies de exigencias parecidas.

La adelfa se extiende espontáneamente por toda el área mediterránea. En España abunda en el sur y en todo el litoral mediterráneo hasta el río Gaiá, en Tarragona.

La adelfa es cultivada con mucha frecuencia como ornamental por su abundante follaje y la belleza de sus flores. Existen numerosas variedades cultivadas, de flores simples o dobles y de colores diversos: blanco, amarillo, rosado o carmín. Todas las partes de esta planta, especialmente la corteza y las hojas, contienen sustancias del tipo de la digitalina, irritantes y venenosas si se ingieren.


Fuente: Árboles y arbustos de España
Editorial: Salvat
Juan Ruiz De La Torre

martes, 18 de octubre de 2011

Tejo (Taxus baccata)

ARTE Y JARDINERÍA Diseño de Jardines

El Tejo y sus características



Características

El Tejo-Taxus baccata es una conífera dioica, de hoja perenne, de hasta cerca de 20 m de altura. La copa en los ejemplares de tronco único es ampliamente piramidal o bien (sólo en formas de jardinería) columnar; en árboles de varios troncos la copa se hace irregular muy ancha y con varios ápices.

Ramas principales caídas o ligeramente péndulas, aunque por lo general en el extremo se elevan un poco. Normalmente el tronco se ramifica espesamente en pequeñas ramas y ramitas.


Corteza marrón gris, toscamente estriada; se deshace en amplios pedazos o se deshoja. Brotes verdes o marrón verdoso con acículas muy laxamente dispuestas.

Hojas aciculares de hasta 4 cm. de longitud y 3 mm. de anchura, planas, lineares, con un corto pecíolo. Verde oscuras brillantes por encima y verde claro o amarillento por debajo con 2 anchas bandas longitudinales bien definidas, dispuestas helicoidalmente o si no peinadas en 2 hileras siempre con el nervio central bien marcado.

Inflorescencias masculinas globulares o alargadas agrupadas en la cara inferior de las ramitas del año anterior. Durante la polinización, amarillentos muy claros o blanquecinos. Inflorescencias femeninas poco llamativas y aisladas.

Las semillas desarrollan en la madurez una cubierta carnosa de color rojo carmín, que es llamada arilo.

Hábitat

El tejo, árbol de crecimiento muy lento, vive en emplazamientos umbríos sobre suelos flojos, humosos porosos y húmedos.

Distribución

Se encuentran por toda Europa ejemplares más o menos aislados, más raramente en formaciones cerradas. Muy frecuentemente cultivado (también en diferentes formas).

Época de floración: febrero a abril.

Generalidades

Todas las partes de la planta, a excepción del arilo rojo, son fuertemente venenosas.

Especies emparentadas

El tejo del Japón (Taxus cuspidata) presenta hojas aciculares muy espinosas y semillas con arilo globular. El tejo de China (Taxus celebica) desarrolla semillas con cubierta verdosa. Ambas especies son tan sólo raramente cultivadas.



Fuente: Guías de Naturaleza Blume
Árboles

viernes, 14 de octubre de 2011

Acalifa – Acalypha. Familia Euforbiáceas

ARTE Y JARDINERÍA Diseño de Jardines

Acalifa, características, formas de cultivo y reproducción



La Acalifa es originaria desde las regiones tropicales del sureste asiático hasta las islas del Pacífico, la acalifa es un arbusto de colores vivos y de rápido acrecentamiento. Durante su período de crecimiento (desde el inicio de la primavera hasta finales de verano) se vuelve una gran planta de carácter matoso; algunas especies, como la Acalypha hispida, se cultivan por sus flores, reunidas en inflorescencias espectaculares, largas y pendientes; otras, por la belleza de su follaje. Las condiciones que requieren para crecer bien son elevadas temperaturas y un alto grado de humedad. En el caso de la Acalypha wilkesiana, para obtener una bonita coloración en las hojas es necesario exponerla a plena luz, evitando, no obstante, la insolación directa.

Cultivo

Las condiciones indispensable y vitales para la acalifa son un riego regular y un alto grado de humedad; si éstas no se cumplen, la planta pierde las hojas, se deshidrata y puede incluso morir; en otoño, el riego se reduce de manera que tan sólo se mantenga húmedo el mantillo. Hay que ir con cuidado con la temperatura nocturna, que no debería ser inferior a 15º C. la luz también desempeña un papel importante: si es insuficiente, las plantas languidecen, no producen flores y pierden gran parte de su color. El trasplante de la planta adulta se realiza en primavera y verano en tiestos que contengan un buen sustrato, si es posible, ácido; si las plantas son demasiado grandes, hay que sacar una capa de 5 cm. de la superficie del mantillo y sustituirla por un sustrato fresco. Las acalifas deben ser abonadas cada 15 – 20 días: utilice un buen fertilizante con elementos nutritivos equilibrados. En otoño y en invierno corte las inflorescencias marchitas y, si la planta es muy grande, escamonde los nuevos brotes por la mitad.

Reproducción

Las acalifas se reproducen por medio de esquejes de 12 – 15 cm.; al cortarlos, hay que tener cuidado en dejar pegado un trocito de corteza y de leño de la rama portante. Plante el esqueje en un sustrato arenoso a 26º C de temperatura y garantícele sombra, humedad ambiente y humedad del terreno. Los meses más adecuados son enero y febrero. Los esquejes de la Acalypha hispida florecerán un año más tarde.

Peligros y precauciones

Las acalifas no son plantas de cultivo simple y dan pocos motivos de preocupación cuando se les asegura una temperatura invernal moderada y una relativa humedad. Si las hojas comienzan a caer, quiere decir que el ambiente es muy seco y es necesario proporcionar más humedad. Los peores enemigos de estas plantas son los ácaros, que aparecen en ambientes muy secos: si se les deja actuar, echarán a perder completamente el aspecto de la planta, ya que tejen pequeñas telarañas en los brotes nuevos e infestan las caras inferiores de las hojas. Trate las hojas con un acaricida específico y pulverice las plantas con agua cuando los días sean particularmente cálidos.

Especies

Originaria de Nueva Guinea, la Acalypha hispida, o “cola de zorro roja”, tiene brillantes hojas verdes, de hasta 20 cm. de longitud, ovales, ligeramente tomentosas y dentadas. Presenta cientos de florecillas de color escarlata o rojo oscuro que cuelgan en largas inflorescencias compactas (amentos); para estimular a la planta para que produzca más flores es necesario cortarlas cuando empiezan a perder el color. También existen otras variedades con inflorescencias verdes o color crema. La Acalypha hoffmannii, a diferencia de las demás especies, tiene hojas delgadas, que parecen hilos de hierba, de color rojo verdoso. La Acalypha wilkesiana tiene unas manchas grises. Algunas variedades también presentan hojas verdes, blancas, color crema, naranjas o rojas.




Fuente: El gran libro de las Plantas de Interior
Editorial Geo Planeta

jueves, 13 de octubre de 2011

Árboles ornamentales

ARTE Y JARDINERÍA Diseño de Jardines

Arboles ornamentales en Diseño de Jardines



Más que cualquier otra planta, los árboles ornamentales confieren una sensación de permanencia y madurez a un jardín y lo conectan con el paisaje exterior más amplio. Agregan altura, estructura y centros de atención escultóricos a un diseño, mientras que sus características siluetas a gran escala forman un contraste con las líneas más suaves de las demás plantaciones. Existe una enorme variedad de árboles, distintos tanto en aspecto y forma como en el color y la textura del follaje, las flores y la corteza. Cada uno tiene un atractivo específico, desde la oscura y puntiaguda columna de un ciprés hasta los ardientes colores otoñales de un arce japonés, o el tronco moteado de canela de un Eucalyptus. Los árboles se pueden cultivar de muchas maneras: en un emplazamiento informal, un agrupamiento silvestre de avellanos y abedules plateados – rodeados de bulbos – resulta muy efectivo, mientras que, en un jardín formal, una avenida de hayas cobrizas o de tilos entrelazados resulta adecuadamente elegante. Algunos árboles – tales como los magnolios – quedan mejor emplazados individualmente como elemento del jardín.

Diseñar con árboles

Los árboles ornamentales son cultivados por la belleza de sus flores, corteza o frutos decorativos, más que para cosechas comestibles o madera. Sin embargo, muchos árboles frutales ostentan flores hermosas y algunos ornamentales, tales como el manzano silvestre (Malus), producen abundantes cosechas de frutos para confitar. La diferencia entre los árboles y los arbustos también es poco clara; los primeros – generalmente, pero no siempre – tienen un tronco único, y los segundos – por ejemplo, las lilas (Syringa) –, tienen troncos múltiples, aunque a veces alcancen tamaños de árbol.

Elección de árboles

Por lo general, los árboles son las plantas de jardín más costosas y más longevas, y seleccionarlos y emplazarlos son decisiones de diseño fundamentales. Cuanto menos árboles tengan cabida en un jardín, más importante resultan una elección y un emplazamiento cuidadosos; en un “jardín de un solo árbol” estos puntos resultan cruciales con respecto al éxito del diseño. Es obvio que el aspecto general y las características especiales de un árbol son importantes, pero la adecuación al suelo, clima y aspecto del jardín, y también su altura, extensión y tasa de crecimiento, resultan igualmente importantes. Una vez elegido el árbol, el proceso de diseño se prolonga con la elección de dónde plantarlo. Los centros de jardinería tienen una gama limitada de los árboles ornamentales más populares; los viveros especializados, algunos con servicio de compra por correo, ofrecen una selección más amplia.

Las alturas varían entre alrededor de un metro, en el caso de algunas coníferas enanas, hasta los imponentes 90 m de una secoya (Sequoia). Las tasas de crecimiento varían entre los 2,5 cm. o menos por año para las coníferas enanas hasta 1 m o más para algunos álamos (Populus). Un árbol joven en un vivero denota poco o nada de su tamaño potencial, y algunas especies, sobre todo las coníferas, incluyen tanto árboles de cultivo minúsculos como gigantes. Elija los árboles de cultivo cuidadosamente y, si le ofrecieran sustitutos, asegúrese de que convengan a sus necesidades.


Árboles como elementos de diseño

Los árboles crean un fuerte impacto visual, al igual que los elementos paisajísticos duros. También ayudan a formar la estructura permanente de un jardín, alrededor de la cual se articulan los elementos más provisionales.

Los árboles pueden utilizarse como estatuas vivientes: un emplazamiento sencillo y contrastante realzará un árbol utilizado de este modo. Un árbol de follaje pálido aparecerá vistoso contra un seto de tejo verde oscuro (Taxus baccata), por ejemplo, mientras que el trazado invernal y audaz de las ramas desnudas destaca muy bien contra un muro pintado de blanco.

Utilizados estructuralmente, los árboles también sirven para definir o cerrar un espacio. Una hilera o grupo informal de árboles pueden marcar los límites de una propiedad, separar una parte del jardín de otra, o subrayar un sendero. Un par de árboles podrían actuar como marco verde de un panorama distante o formar un arco viviente a través del cual penetrar en el jardín.

Aspecto y forma

El aspecto y la forma de un árbol son tan importantes como su tamaño – tanto marcando el espíritu y el estilo como respecto a las consideraciones prácticas de espacio. Algunos árboles, tales como muchos cerezos decorativos (Prunus) son pequeños y encantadores, mientras que otros, tales como los cedros (Cedrus), son majestuosos y monumentales. La mayoría pueden ser formales o informales, según el emplazamiento y el tratamiento. Los Rhus typhina tienen una forma arquitectónica llamativa, ideal para un jardín pavimentado moderno, mientras que las frondas arqueantes de muchas palmeras confieren opulencia a atrios e invernaderos. Los serbales (Sorbus aucuparia) y los acebos (Ilex) son árboles típicos de los jardines rurales ingleses; los arces japoneses (Acer palmatum) y el gran Salix matsudana “Tortuosa” son apropiados para los jardines orientales; las especies nativas resultan ideales para los jardines silvestres.

Los árboles angostos y rectos, tal como el Malus tschonoskii, resultan apropiados para jardines pequeños, pero tienen un aspecto formal y casi artificial. Los árboles de copas redondas o extensas parecen más informales, pero proyectan una sombra mayor y ofrecen una mayor protección de la lluvia, dificultando la plantación al pie, mientras que los de estructura irregular y de ramas separadas tienen un encanto naturalista. Los árboles de formas cónicas o piramidales tienen un efecto escultural, mientras que los árboles llorones ostentan una silueta más suave.

Tenga en cuenta cuánto tarda el árbol en desarrollar su silueta característica: en algunos casos pueden tratarse de décadas; por ejemplo, el Prunus “Kanzan” se cría de un modo rígido en su juventud, con ramas en ángulos incómodos; sin embargo, más adelante, las ramas comienzan a arquearse, y después de 30 años, el árbol posee una copa elegante y redondeada.

Donde el espacio lo permite, la combinación de árboles de aspectos contrastantes puede crear un aspecto dinámico, pero plantar muchos árboles de aspectos diferentes puede llegar a producir un efecto algo melindroso y descoordinado.


Árboles individuales o especímenes como centros de atención

Un árbol individual se cultiva solo, y así logra desarrollarse y exhibir su belleza natural al completo sin entrar en competencia con otros árboles. Dependiendo del clima, un sauce llorón (Salix x sepulcralis “Chrysocoma”), un sanguiñuelo florido (Cornus florida), varios cerezos decorativos (Prunus), y las palmeras, tales como Howea y Phoenix, son árboles individuales populares. Elija un árbol del tamaño correcto con respecto a su emplazamiento: los árboles individuales minúsculos parecen perdidos en un jardín vasto, y los de gran tamaño resultan abrumadores en espacios cerrados. Los árboles individuales, especialmente en jardines formales, están colocados tradicionalmente en el centro del césped. Sin embargo, el emplazamiento de un espécimen a un costado puede añadir una sensación de informalidad y vivacidad a un esquema y descubrir, asimismo, un panorama a lo largo del jardín. Otras opciones incluyen plantar un árbol individual al costado de un portalón o de un acceso al jardín, o al principio o final de unas escalinatas, para marcar la transición de un espacio a otro en el jardín.

Plantar un espécimen en medio de una extensión de gravilla o de plantas tapizantes, tales como la hiedra (Hedera) o el perifolio (Vinca), proporciona un contraste complementario para un árbol  individual. En una orla mixta utilice un árbol como piedra fundamental, alrededor de la cual construir el color y la forma de los grupos de plantas circundantes. Un árbol individual podría reflejarse en un estanque de jardín, o realzarse por una estatua o un banco pintado de blanco a sus pies, de modo que cada elemento subraye a los restantes.

Agrupamiento de árboles

Si el espacio lo permite, considere plantar tres o más árboles juntos en grupos informales de especies iguales o diferentes. Un grupo de árboles también genera un marco más sustancial, a modo de cortina, que un solo árbol a un lado – o a ambos – de un panorama. En climas más cálidos, unos conjuntos de palmeras de troncos desnudos también resultan notables aisladas, plantadas entre hierba, o interplantadas con especies más bajas o de tallos múltiples.

A menor escala, un grupo modesto de árboles caducifolios de follaje ligero, tales como los álamos temblones (Populus tremula) o los arces (Acer), pueden formar la espina dorsal de un jardín silvestre en miniatura.

En grupos informales es posible plantar los árboles más próximos unos de otros que la extención potencial combinada de  sus copas. El resultado puede ser un crecimiento elevado, estrecho o asimétrico, pero también puede ser agradablemente informal, con las ramas mezcladas entre sí formando un atractivo trazado contra el cielo.

Elementos de interés

Aunque los árboles se valoren por sus cualidades arquitectónicas, también proporcionan interés a través de elementos específicos, tales como flores, follaje, bayas y corteza. Emplace un árbol de modo que sus características atractivas resulten realzadas.





Hojas

Con respecto al mero volumen y a la duración, las hojas son, con mucho, el elemento más importante. Su aspecto, tamaño y color ofrecen una infinita variedad, desde el follaje delicado, dorado y helechoso de una Gleditsia tiracanthos “Sunburst”, hasta las grandes hojas arquitectónicas de las palmeras, tales como la Phoenix. La textura de la superficie afecta a la manera en la que se refleja la luz, y las hojas lustrosas agregan un toque brillante.

Los árboles de follaje coloreado o estriado, tales como el Cercis canadensis “Forest Pansy” rojo – púrpura, o las hojas bordeadas de blanco de un Acer negundo “Variegatum”, proporcionan una masa de color que contrasta particularmente bien con árboles de hojas verdes.


Algunas hojas, como las del Eucalyptus, son agradablemente aromáticas, mientras que otras, como las de un álamo temblón, vibran a la menor brisa, agregando el placer suplementario del sonido.









Flores

Las flores poseen una presencia pasajera, pero memorable, y fluctúan entre la modestia y la opulencia. Las flores de otoño, invierno y principios de primavera resultan especialmente valiosas para proporcionar un despliegue cuando las demás plantas proporcionan un interés menor.

El color de las flores debería complementarse con el esquema principal. Las flores pálidas se destacan contra hojas oscuras, mientras que las oscuras destacan mejor en un emplazamiento pálido.

La fragancia es un dividendo adicional, que fluctúa entre el perfume sutil e invernal de una Acacia dealbata hasta el aroma intoxicante y veraniego de un franchipaniero (Plumeria rubra var. acutifolia). Un lugar protegido resulta ideal para las flores y el aroma, mientras que el cultivo de un árbol al lado de un sendero o un patio facilita el disfrute de su aroma.

Frutos, bayas y vainas

Éstos pueden rivalizar o superar a las flores en cuanto a belleza, variando entre los frutos tipo fresas rojo brillante de un Arbutus y las manzanas silvestres amarillas de un Malus “Golden Hornet”, hasta las vainas escultóricas de un magnolio. En los climas cálidos, los árboles como los limoneros o las higueras pueden estar cargados de frutos atractivos.

Corteza y ramas

La corteza proporciona interés de color y de textura, especialmente en invierno. Las opciones incluyen el brillo sedoso y rojo caoba de un Prunus serrula, la corteza de blanco fantasmal del Betula utilis var. jacquemontii, y el Eucaliptus niphophila de aspecto exótico, con su corteza como la de una pitón: verde, gris y blanco – cremoso.



Fuente: Enciclopedia de la Jardinería
The Royal Horticultural Society