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lunes, 14 de octubre de 2013

XEROJARDINERÍA EN DISEÑO DE JARDINES

ARTE Y JARDINERÍA DISEÑO DE JARDINES


Historia y fundamentos de la Xerojardinería





Definición y origen

El concepto de Xerojardinería nace en EE.UU. en 1981. En concreto aparece en el estado de Colorado. Y nace no por casualidad, no por estética, no por moda. Nace por una necesidad. El estado de Colorado posee en algunas de sus zonas un clima árido, caracterizado por recibir escasas precipitaciones anuales.

Entre los años 1960 y 1970 se produce en esa región un notable aumento de la población. Este crecimiento demográfico conlleva un desarrollo urbanístico, siendo el modelo más utilizado el residencial unifamiliar. Este tipo de vivienda normalmente lleva asociada una especie de terreno que se destina a jardín. El tipo de jardín mayoritariamente utilizado era de estilo jardín inglés, basado fundamentalmente en amplias superficies de césped. Los requerimientos hídricos de este tipo de jardín son elevados y, como consecuencia del desarrollo urbanístico, rápidamente provocaron un fuerte aumento de la demanda de agua. Pronto se constató, como era de prever, que ese modelo no era sostenible. Con la aparición de las primeras épocas de drástica sequía, se produjeron cortes estacionales de agua, siendo este tipo de jardines los primeros afectados. El modelo de jardín inglés, fue cuestionado rápidamente. No era adecuado para zonas áridas, no servía. El agua, para sorpresa de algunos, no estaba disponible ilimitadamente. Por primera vez se daban cuenta de que el agua es un bien finito que había que cuidarla.

Estaba claro que debía concebirse una alternativa al modelo de jardín inglés,
seguramente no adecuado para estas zonas. Esta necesidad llevó a formar un grupo de trabajo con el objetivo de buscar una alternativa que contemplase un menor consumo de agua en el jardín. Fruto de este trabajo surgió la xerojardinería.

Etimológicamente el xerojardín (xeriscape) se compone de la palabra “xeri” que significa seco en griego y el sufijo “scape” utilizado en “landscape” y que significa jardín o paisaje en inglés.

El aporte fundamental de esta corriente es la propuesta de una nueva forma de realizar jardines. Propone un estilo de jardín distinto que utiliza criterios diferentes a los propuestos por el jardín inglés. Criterios distintos, donde ya no se contempla un césped en perfecto estado como base del diseño. Por caracterizar de forma general la xerojardinería podríamos decir que contempla, entre otros aspectos, la utilización de especies con pocas necesidades hídricas y de sistemas de riego eficientes. Así, entre otras ventajas, se reduce significativamente el agua utilizada en el jardín, aunque obviamente implica muchos otros aspectos que se irán exponiendo.

Por eso, las definiciones de xerojardinería normalmente se centran en su importancia para el ahorro de agua. Por ejemplo, son del tipo “conjunto de técnicas de jardinería que consiste en la implementación de una serie de pautas de ahorro de agua”. 


Pero no podemos quedarnos sólo con esa característica, con su faceta de ahorro en la gestión del agua. No podemos olvidar que además la xerojardinería tiene muchas otras ventajas en lo que se refiere a la gestión de varios elementos y conceptos del medio ambiente: suelo, atmósfera, fauna, biodiversidad, contaminación, etc. Puede aportar muchos criterios y técnicas que hacen que la podamos incluir, por derecho propio, entre los estilos de la llamada “jardinería ecológica”. A lo largo de los puntos siguientes, intentaremos concretar y explicar todos esos criterios y técnicas. No obstante se quiere adelantar algunos criterios como que el xerojardín no renuncia a ningún tipo de planta si ésta se sitúa en el lugar correcto y bajo un mantenimiento adecuado. Tampoco renuncia a su componente estético ni a ser un jardín de calidad. El que tenga criterios ambientales, entre ellos el ahorro de agua, no implica la no asunción del objetivo estético y recreativo que tienen los jardines.

También para los que pretenden reducir la xerojardinería a los jardines secos
que utilizan cactus, crasas y aromáticas renunciando al césped, hay que comentar que esta disciplina abarca e implica mucho más, como también iremos viendo. De hecho, posiblemente  su aportación más radical es que ha provocado un serio replanteamiento en el diseño del jardín. Ha provocado que apelemos a la utilización de la imaginación y creatividad, en un escenario en el que prácticamente actuaba solo el jardín inglés, en un monótono y largo monólogo.

Las ventajas ambientales que propone esta disciplina llevó a su reconocimiento internacional en el año 1992. En ese año la xerojardinería fue contemplada dentro del marco sociopolítico de la Agenda Local 21, siendo ésta uno de los principales resultados de la conferencia de la ONU sobre Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada en Río de Janeiro (1992).

El concepto de xerojardinería puede hacerse extensivo a otros conceptos de jardines. Por ejemplo, y a modo de paradoja, podemos resaltar que la mayoría de jardines históricos que se encuentran en nuestras ciudades, considerados estéticamente aceptables y de gran calidad paisajística, podrían ser considerados como xerojardines. Y se considera así porque están formados por una diversidad de grandes árboles y arbustos normalmente autóctonos, poco césped y setos que requieren muy poco mantenimiento, bajo consumo de agua y que albergan una variada diversidad animal. Todos estos criterios, adelantamos, son utilizados por la xerojardinería.

Además no debemos pensar que la xerojardinería sólo tiene lugar en zonas de clima árido o seco. En absoluto. La xerojardinería no gusta de estas limitaciones. Podemos aplicar estos criterios a cualquier zona climática. Debemos ahorrar agua siempre. Aunque la tengamos en abundancia. ¿Por qué? Es fácil adivinar que entre otras razones, se encuentran involucrados tres valores humanos: respeto, justicia y solidaridad hacia quienes no la tienen.

El concepto de xerojardinería, en su amplitud, incluye no sólo temas como el ahorro de agua o la utilización de especies adecuadas a las distintas
condiciones edafoclimáticas, o incluso el fomento de diseños de jardines tradicionales, sino que también propone prácticas adecuadas al manejo de un jardín de bajo consumo de agua. Incluso la xerojardinería aporta el uso de la tecnología al jardín. No podemos olvidar los avances tecnológicos que presenta la sociedad actual. Estas posibilitadoras novedades se pueden aplicar en técnicas agrológicas que, en definitiva, van a permitir obtener un jardín de calidad con un bajo consumo de agua, respetuoso con el medio ambiente y que además conlleva un bajo coste de mantenimiento. Si utilizamos sus técnicas nos queda la satisfacción de conseguir un jardín que utiliza menos agua, que puede conseguir más biodiversidad, que puede ser más respetuoso ambientalmente, e incluso más longevo.

El conjunto de los criterios y técnicas que propone la xerojardinería se agrupan e incluyen en siete principios propuestos por el National Xeriscape Council, creado en 1986 en EE.UU. para fomentar la creación de estos ecológicos xerojardines. Estos principios son simples, tan simples que pudiera parecer que no tienen importancia. Pero ésta es una de sus ventajas. Son fáciles de aplicar, predecibles, concretos y además obtienen resultados. Son “habas contadas”, aunque van cambiando con la imaginación y con las aportaciones técnicas y ambientales que el avance de la sociedad va generando. Estos siete principios son los siguientes:

1.    PLANIFICACIÓN Y DISEÑO ADECUADO
2.    ANÁLISIS DEL SUELO
3.    SELECCIÓN DE PLANTAS
4.    ZONAS DE CÉSPED PRÁCTICAS
5.    RIEGO EFICIENTE
6.    CUBIERTAS DEL SUELO
7.    MANTENIMIENTO ADECUADO


Fuente: Xerojardinería
Ediciones Universidad de Navarra, S.A.

Pamplona






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