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viernes, 20 de septiembre de 2013

DISEÑO DE JARDINES. ELEGIR EL ÁRBOL APROPIADO

ARTE Y JARDINERÍA DISEÑO DE JARDINES

Pautas para elegir el árbol apropiado




Antes de adquirir un árbol para el jardín, es preferible invertir cierto tiempo en considerar las posibles opciones. Ningún centro de jardinería o viveros es lo suficientemente grande para albergar a todas las especies y variedades cultivadas disponibles, lo que implica la necesidad de una lectura detenida de libros y catálogos sobre este tema. Tan sólo así se puede descubrir una serie de especies y variedades cultivadas mucho más amplia que, de otro modo, hubiera pasado desapercibida.

Lo más importante que hay que tener en cuenta es el hecho por el que se pretende cultivar árboles. Con demasiada frecuencia, la genta realiza una elección precipitada, basada en el mero aspecto de la planta sin prestar atención a sus atributos, a sus requisitos o a la función que tiene que cumplir en el jardín. Al igual que la adquisición del primer atractivo cachorro que vemos en el escaparate de un establecimiento de animales de compañía, el hecho de comprar un árbol de un modo precipitado puede conllevar consecuencias negativas muy duraderas, en especial cuando ese pequeño pimpollo que en un momento determinado adquirimos alcanza más de 25 m y se desarrolla más allá del jardín. Es preferible tomarse el tiempo necesario para pensar para qué queremos el árbol y decidir de un modo más objetivo para aunar los requisitos del jardín con los atributos de una planta concreta. Aunque la elección final pueda poseer todavía un componente de impulso emocional, deberá basarse, como mínimo, en una lista restringida de especies posibles.

Las primeras preguntas que hay que hacerse versan sobre la utilidad del árbol y
si se requieren algunos atributos en concreto. Una vez determinado este aspecto, puede elaborarse una lista de plantas que cumplan estos requisitos. Finalmente, la lista puede reducirse hasta incluir tan sólo los árboles que tolerarán las condiciones concretas de clima o suelo, además de otras con las que se tendrán que enfrentar en su futuro emplazamiento. Las fichas descriptivas y el seleccionador resultan especialmente útiles en este proceso.

Aunque los libros y catálogos pueden proporcionar ideas, hechos y cifras, nada se puede comparar con el hecho de contemplar la planta, de modo que resulta bastante interesante visitar los jardines botánicos y otros lugares para ver el aspecto de los árboles seleccionados antes de su adquisición.

El paisaje del jardín

Los árboles poseen un papel muy importante en casi todos los jardines. Proporcionan el armazón estructural por debajo del cual pueden disponerse las plantas de menor tamaño, además de las más efímeras. Cuando se diseña partiendo de cero, estas plantas suelen ser las primeras a las que se les atribuye un emplazamiento; sin embargo, cuando el jardín ya existe, deben elegirse árboles que complementen los elementos decorativos ya existentes.

Independientemente de que lo que se necesite sea una planta individual que supla una necesidad concreta, como cierto número de plantas que proporcionen una estructura general, resulta importante considerar el modo en que estas plantas contribuirán a la variedad de colores, texturas y formas para crear una atmósfera interesante y variada. Para que el jardín sea algo más que un mero conjunto de plantas, también es importante que estén dispuestas de tal forma que se complementen unas con otras y muestren de la manera más adecuada sus atributos. Las plantas estacionales deberán elegirse y ubicarse con esmero para proporcionar una secuencia de interés y alegrar incluso los
meses más apagados del año. Tanto si se trata de flores como de tallos coloreados o de frutos otoñales, una combinación perfectamente estudiada de los rasgos ornamentales permitirá asegurar que, mientras la floración de una planta empieza a desaparecer, otra especie ya está a punto para entrar en escena. Para algunas, como las especies del género Amelanchier, la floración es efímera, de modo que durante el resto del año la planta se ve limitada a la modesta belleza de su follaje para poder llamar la atención. Otras, como Betula pendula ‘Youngii’, resultan impactantes durante todo el año, de modo que merecen un lugar de honor en un emplazamiento destacado. En los jardines muy reducidos en los que sólo hay espacio para unas pocas plantas, los árboles como éste son especialmente valiosos. Ciertas especies tienen un aspecto tan inusual o espectacular que permiten realizar combinaciones paisajísticas especialmente atrevidas. Las plantas de follaje de color púrpura, como Cotinus coggyria ‘Royal Purple’, así como las que tienen hojas poco usuales, como Trachycarpus fortunei, forman parte de esta categoría.

Siempre resulta tentador llenar el jardín con plantas como ésta en un intento de asegurarse un espectáculo constante. Pero como sucede en otros ámbitos, el hecho de poseer demasiados ejemplares de un elemento hermoso o bueno se traduce de forma inevitable en una devaluación de incluso el más espectacular de estos elementos. Así pues, este tipo de ejemplares deberá plantarse con mucha moderación. Además, es probable que la mayoría de los jardines de reducidas dimensiones no posea espacio para más de uno o dos de estos ejemplares.

Algunos tipos de plantas cumplen, sobre todo, una función de apoyo en el
jardín. Las plantas de hoja perenne, como los tejos y los acebos, pueden no resultar las plantas más espectaculares que existen, aunque durante gran parte del año se erigen como los grandes héroes desconocidos del diseño de jardines, ya que proporcionan tanto pantallas que controlan las vistas, como un fondo que realza las especies más ornamentales. Asimismo, estas plantas pueden cumplir una función todavía más pedestre al aparecer como setos que definen límites o incluso como meros cortavientos.

Tamaño

De todas las características susceptibles de tenerse en cuenta a la hora de elegir un árbol, el tamaño se considerará la más importante. Además de la necesidad obvia de evitar las especies que puedan desarrollarse más allá de los límites del jardín, debe considerarse el hecho de que se adecuen a la escala del espacio disponible y que complementen al resto de plantas. Incluso los árboles que no superan la modesta altura de los 10 m pueden resultar demasiado grandes para algunos espacios, mientras que ejemplares de 2 a 3 m pueden verse muy fuera de la escala si se plantan como árboles aislados en encuadres paisajísticos de mayores dimensiones.

Además de la altura, otra consideración importante es la amplitud. Así, por ejemplo, Parrotia persica, que normalmente alcanza una altura de unos 8 m, puede parecer una opción más adecuada para un espacio limitado que Juniperus scopulorum, un árbol que puede alcanzar 12 m de altura. Sin embargo, la estrecha estructura de este último permite su plantación en jardines donde la amplitud de Parrotia no tardaría en resultar problemática.

Una de las dificultades a las que una persona se enfrenta cuando intenta predecir el tamaño de las plantas es su gran variabilidad. Incluso los ejemplares de una misma especie muestran marcadas diferencias dependiendo del clima, las condiciones del suelo y el origen. Magnolia grandiflora, por ejemplo,
alcanza con frecuencia más de 25 m de altura en los estados del sur de EE. UU., aunque sus dimensiones se tornan mucho más modestas cuando se planta más al norte. Una opción, sobre todo en el caso de los árboles más comunes, consiste en intentar averiguar en los jardines vecinos las dimensiones que presumiblemente alcanzará una especie concreta. Si, a pesar de todo, no está demasiado seguro, es preferible pecar por excesiva prudencia y elegir un árbol de menor tamaño. Afortunadamente, ya son muchas las plantas de las que se dispone de variedades cultivadas que proporcionan una versión a pequeña escala. Magnolia grandiflora constituye un perfecto ejemplo de ello. En este sentido, ‘Little Gem’ es una de sus variedades cultivadas de menor tamaño.

Rusticidad y clima

Una vez determinadas las características físicas y estéticas necesarias para complementar el paisaje del jardín, es importante asegurarse de que los árboles elegidos se desarrollarán adecuadamente en la zona climática donde se planten. Incluso la especie más hermosa puede convertirse en un ejemplar tan poco atractivo como decepcionante si se cultiva en unas condiciones poco apropiadas.

La rusticidad constituye un elemento importante, sobre todo en las regiones de clima templado o frío. En algunas ocasiones, obliga incluso a reducir la relación de especies posibles. En este sentido, resulta de gran utilidad consultar los mapas de las zonas climáticas. Se trata de unos mapas que indican las temperaturas mínimas en invierno en cada una de las zonas y que pueden usarse junto con las cifras que se incluyen en la ficha descriptiva de cada planta. Por útiles que resulten, estos mapas obviamente no pueden mostrar los microclimas locales de modo que no deberán usarse de un modo
exhaustivo. Algunas plantas, como Azahara microphylla, se pueden cultivar en zonas situadas por debajo de la cifra que se expresa, al abrigo de una pared, mientras que otras que en teoría se consideran rústicas en una región concreta pueden dejar de serlo debido a la recurrencia de las heladas primaverales. Por otro lado, debe tenerse en cuenta, sobre todo en regiones mediterráneas o subtropicales, el hecho de que las plantas que se han adaptado a los climas frescos con frecuencia se desarrollan peor en los climas más cálidos. Cuando los árboles se planten en zonas que se encuentren muy por encima de su valor mínimo, se deberá considerar a conciencia esta limitación. En muchos casos puede resultar de ayuda saber cuál es la zona climática máxima aconsejable.

El riego del jardín constituye una tarea necesaria que un gran número de personas preferiría no tener que realizar. Aunque el incremento en la frecuencia y la abundancia del riego durante las sequías puede evitar muchos problemas, es preferible no plantar árboles cuyas necesidades hídricas sean muy superiores a la media de la pluviosidad. En este sentido, en lugares de clima seco, se aconseja elegir árboles como Robinia pseudoacacia ‘Frisia’ ya que pueden sobrevivir en amplios períodos de sequía. Una vez más, las fichas descriptivas pueden resultar de gran ayuda para determinar cuáles son las plantas adecuadas.

Exposición

Los árboles se han desarrollado en una gran variedad de entornos naturales. Acer palmatum, por ejemplo, se desarrolla de forma natural en los bosques del centro de China, Corea y Japón, por lo general a la sombra de árboles de mayores dimensiones. Esta característica puede resultar muy ventajosa en los jardines donde el arce pueda ocupar emplazamientos umbríos o formar un
estrato intermedio entre árboles de mayor  tamaño y plantas herbáceas. Algunos árboles, por otra parte, deben permanecer a pleno sol para poder prosperar o florecer de manera adecuada. La mayoría de los sauces se caracterizan por su aversión a la sombra y Koelreuteria paniculata, por su parte, rara vez florece si no se encuentra a pleno sol.

La protección o resguardo también constituye un factor importante e incluso determinante en el caso de algunas especies, sobre todo cuando son jóvenes. Los árboles delicados, como Embothtium y Crinodendron, pueden cultivarse con éxito en zonas situadas fuera de su límite climático habitual, siempre que se encuentren al resguardo de un muro protector o de otras plantas. Otros, como Stewartia y algunas especies de Nyssa, sienten predilección por permanecer resguardados incluso en sus zonas climáticas. Algunas de las especies más útiles prosperan incluso en lugares muy expuestos a las inclemencias. Todas las especies del género Crataegus entran dentro de esta categoría, así como la mayoría de abedules y pinos.

Condiciones de suelo

Al igual que el resto de plantas, los árboles difieren en cuanto a sus requisitos edáficos y, por lo general, su éxito se ve limitado en mayor medida por las distintas condiciones adversas que por sus requisitos. Así, por ejemplo, cuando se afirma que una planta concreta requiere suelos ácidos, sería más preciso decir que no tolera los suelos alcalinos.

La expresión ‘tipo de suelo’ se emplea de una forma bastante amplia y hace referencia a las proporciones de arena y de arcilla que éste contiene, hecho que influye, en gran medida, en su capacidad de retención de agua, en su drenaje y en su fertilidad. Algunos árboles, como los pinos y los abedules, prosperan en las condiciones relativamente pobres y áridas propias de los suelos arenosos y muy drenados. Otros, como Stewartia, son más exigentes y necesitan un suelo limos y húmedo, aunque adecuadamente drenado. Los suelos que permanecen constantemente húmedos o están sujetos a anegamientos periódicos, en especial durante la época de crecimiento, requieren especies muy especializadas. Los sauces y los alisos son algunos de los árboles más conocidos que resultan ideales para este tipo de suelos, aunque también resultan adecuados otros como Betula pendula y Sorbus aucuparia.

El pH de un suelo constituye el índice de su acidez o su alcalinidad. La escala oscila del 1 al 14, en la que 7 corresponde al pH neutro, y los valores inferiores y superiores a éste son respectivamente ácidos y los alcalinos. Por lo general, los suelos alcalinos tienden a ser más fértiles, aunque a niveles hasta cierto punto elevados (superiores a 7,5) los nutrientes dejan de ser fácilmente obtenibles para muchas plantas. Ésta es la razón por la cual la tolerancia a un pH elevado constituye un factor importante a la hora de determinar si una planta resulta adecuada en su suelo calizo. Los suelos ácidos tienden a ser más pobres, ya que los nutrientes se disuelven fácilmente y se pierden por escorrentía. En la práctica, los suelos alcalinos imponen una mayor restricción a la hora de elegir especies que los suelos ácidos. No obstante, numerosas especies prosperan en condiciones alcalinas severas y los árboles son, a menudo, más tolerante de lo que suele pensarse. La solución para cultivar un árbol cuando el suelo del jardín resulta totalmente inadecuado consiste en plantarlo en un recipiente con el compost que más se adecue a sus necesidades.

Algunos árboles consiguen desarrollarse en casi todos los tipos de suelo y constituyen una opción adecuada cuando las condiciones edáficas no son ideales.

Plagas y enfermedades

Los árboles sufren muchas enfermedades y plagas, por lo que sería necesaria una obra especializada para proporcionar a este tema el tratamiento que merece. No obstante, la mayoría son esporádicas en cuanto a distribución e infestación, de modo que no es imprescindible tenerlas en cuenta a la hora de elegir los árboles para un jardín. Otras, en cambio, pueden ser comunes y graves y, una vez establecidas en un jardín, pueden influir en la elección de especies más resistentes.

Tan sólo unas pocas enfermedades son los suficientemente graves y comunes
como para hacer que ciertos árboles se consideren especies totalmente inapropiadas para algunas zonas. Un ejemplo obvio es el fuego bacteriano, una enfermedad que afecta a los géneros de la familia de las rosáceas, que comprende frutales emparentados con el manzano, entre ellos Pyrus, Sorbus, Crataegus y algunos Malus. Además de resultar muy nociva para los árboles y arbustos ornamentales se trata de una enfermedad con consecuencias comerciales en las zonas de cultivo intenso de frutales. Siempre que se elijan plantas sensibles a enfermedades como el fuego bacteriano, se deberá recurrir a los consejos de los técnicos agrícolas locales para saber si su cultivo es apropiado para la localidad donde vayan a plantarse.

Plantas invasoras

Entre los numerosos factores que deben considerarse cuando se eligen árboles, el peligro de que se extiendan más allá del jardín mediante semillas o chupones y se conviertan en ‘malas hierbas’ invasoras es uno de los más importantes. Existen bastantes casos perfectamente documentados de plantas y animales que se han convertido en plagas muy graves en algunas zonas o regiones. El acebo europeo, Ilex aquifolium prospera en las condiciones frescas y húmedas que imperan en el noroeste de EE.UU., de modo que se ha extendido por los bosques de esta región a expensas de la vegetación autóctona. Los departamentos gubernamentales de agricultura y de medio ambiente redactan listas de especies invasoras, que es necesario consultar antes de plantar ejemplares que tengan la tendencia o incluso la posibilidad de expandirse como invasoras.

Fuente: ÁRBOLES PARA
JARDINES PEQUEÑOS
Simon Toomer

Editorial: BLUME




4 comentarios:

  1. Hola Fernando , es verdad que hay que pensar muy bien que arbol poner en el jardin yo sembré un ficus benjamin y lo he sembrado muy cerca de la casa y muy cerca del porche no se si en un futuro tendré problemas con las raíces porque como cuento lo he sembrado muy cerca de la casa y bueno con la altura en un futuro se que lo voy a tener que podar para que no de con el techo del porche todo esto por no saber .
    Besos !!

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    1. Muchas gracias Rosa, hay que tener mucho cuidado con plantar cerca de las casas, ese es un problema que me suelo encontrar todos los días, y luego resolverlo es muy complicado y costoso.

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  2. MUY ÚTIL LA PÁGINA Y SUS CONSEJOS.MUCHAS GRACIAS.

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