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domingo, 21 de agosto de 2011

Plantar un seto campestre: 4 etapas para tener éxito

ARTE Y JARDINERÍA Diseño de Jardines

Como plantar un seto cvampestre en Diseño de Jardines




Etapa 1: esboce el plano del jardín

Si desea plantar alrededor de la casa, del huerto, o para disimular una construcción antiestética, la elaboración de un plano del lugar, por más esquemático que sea, le resultará de gran ayuda para elegir y distribuir las plantas.

En una hoja cuadriculada, dibuje a escala los límites de su terreno, sitúe su casa y las construcciones anexas, determine el recorrido del sol en las diferentes estaciones y los vientos dominantes. Anote también el emplazamiento de los setos y los árboles existentes, de los caminos, de la entrada principal y, eventualmente, de las construcciones próximas. Indique las vistas que le podría interesar ocultar desde su terraza o salón, o por el contrario, las que desee realzar.

Podrá percibir de inmediato las medianeras que tendrá que respetar, las fachadas ciegas que aceptan sombra, las perspectivas que han de quedar libres y las plantas existentes que requieren protección. A partir de este dibujo, será capaz de organizar virtualmente el espacio y determinar en qué lugares plantar y cuáles dejar libres.

Por ejemplo, la huerta y los setos frutales se expondrán al sol, el montón de Compost desaparecerá tras algunos arbustos y un cortaviento moderará las corrientes de aire. Intente comprobar la sombra producida por un gran seto a diferentes horas del día.

Evite la monotonía

Un seto campestre no es necesariamente lineal y de altura constante, sino más bien al contrario: un seto sinuoso y ondulante parece más natural. Si planta en trebolillo en dos hileras, podrá añadir de vez en cuando una tercera fila formada por algunos arbustos bajos o arbolitos (ruscos, retamas, brezos, etc.), que romperán la linealidad del conjunto. Para dar relieve a los setos, plante uno o varios árboles de poco desarrollo o frutales de porte alto de variedades clásicas, los cuales armonizan perfectamente con un seto campestre.

Disponga siempre los arbustos más grandes al fondo. Marque los puntos de paso, la terraza, la entrada del huerto, con un ejemplar diferente y más alto que el resto.


Establezca sus setos de acuerdo
con el espacio disponible

·       Si dispone de muy poco espacio, plante en una o dos hileras un seto recortado. Su altura oscilará entre 1 y 1,60 metros, y su anchura variará de 0,40 a 0,80 metros.

No obstante, puede plantar un seto libre en un jardín pequeño si elige arbustos de poco desarrollo y de fruto pequeño combinados (groselleros, casis, etc.) y los dispone en una sola hilera. Prevea una anchura de 1,20 m y procure dejarla libre.

·       Cuando el espacio no suponga un impedimento, plante setos libres en dos hileras alternando arbustos de porte erguido con otros arbustivos para mantener una buena cobertura hasta el nivel del suelo. Esta organización da volumen al seto y le permite desarrollarse de manera armoniosa. Cuanto más altos y anchos sean los setos, más eficaces serán contra el viento y más acogedores para la fauna salvaje. Podrá transformarlos en cortavientos realizando podas laterales. La separación entre dos plantas ha de ser la necesaria para que cada arbusto pueda desarrollarse sin ahogar a su vecino. Reserve una franja de terreno de 1,20 a 2 m, o incluso algo ligeramente mayor.

Etapa 2. tenga en cuenta el clima y la exposición

No todas las plantas son adecuadas para cualquier situación, y plantar una especie indistintamente en cualquier lugar a menudo tiene inconvenientes. Para elegir las especies, hay que tener en cuenta el clima local, la naturaleza del suelo y la exposición.

El clima

Evaluar el clima consiste en tener en cuenta las variaciones de temperatura, la regularidad y volumen de las precipitaciones, así como los vientos y la insolación en una región determinada.

Un análisis más detallado permite subdividir cada una de las grandes áreas en función de la latitud y de la situación geográfica. De manera más local, la protección de un bosque o la exposición de una ladera crean microclimas favorables al cultivo de especies ajenas a ese territorio. Como se habrá comprendido, es aconsejable observar la flora local antes de elegir las plantas del seto.

Existe un nuevo factor que a partir de ahora se habrá de tener en cuenta en la composición de los setos y plantíos, porque introduce nuevas limitaciones. Se trata del cambio climático. A pesar de que los inviernos parecen más suaves que hasta hace poco, quizá sea prematuro pronosticar una elevación general y estable de temperaturas y pretender aclimatar plantas de otras regiones. En cambio, los periodos de sequía serán más frecuentes y más prolongados, y el límite de vegetación de algunas plantas se desplazará probablemente.

Una selección juiciosa de las plantas que tenga en cuenta su resistencia a la sequía, una plantación realizada como es debido y un acolchado generoso ayudarían a evitar la necesidad de cualquier aporte adicional de agua.

La insolación

Tanto la luz como la temperatura influyen directamente sobre el crecimiento de los vegetales. Algunas plantas necesitan una buena insolación, mientras que otras soportan o requieren la sombra. La composición del seto ha de tener esto en cuenta. Tarde o temprano, los arbustos de gran desarrollo situados en la cara sur de un seto plantado en dos hileras taparán con su sombra los más pequeños de la cara norte. Esto no siempre se tiene en cuenta en el momento de plantar, porque los ejemplares son a menudo del mismo tamaño. Es necesario situar las plantas heliófilas al sur y podar sus vecinas regularmente para que no le hagan demasiada sombra.

La composición del suelo

El suelo no es solamente un porte en el que las plantas hunden poco a poco sus raíces. Su composición, su contenido en agua y su pH resultan determinantes para la elección de las especies.

Etapa 3. Evaluación del suelo: estructura, pH, higrometría


¿Es necesario preocuparse por la naturaleza del suelo antes de plantar un árbol?

¿Es indispensable tener que corregir un terreno que no conviene a todas aquellas especies que se desea cultivar?

¿Resulta imprescindible la utilización de abono?

La mayoría de árboles y arbustos se arreglan con una buena tierra de jardín o de campo, pero las condiciones ideales nunca se encuentran juntas. La naturaleza del suelo depende de los materiales que lo componen. Una tierra puede ser arcillosa, arenosa, caliza o gumífera.

Existen determinados factores denominados limitantes que pueden llegar a influir directamente sobre el crecimiento de las plantas.

Es necesario elegir las especies en función de su capacidad para adaptarse tanto al clima como al tipo de terreno con el que se trabaja, en vez de adecuar estos a las necesidades de los arbustos.

Los parámetros que determinan las cualidades o debilidades de los suelos son: la estructura, la profundidad, el pH y la humedad.

¿Cuál es la composición del suelo de su jardín?

Un suelo es el resultado de la mezcla de materiales inertes procedentes de la degradación de la roca madre y de residuos materiales orgánicos de origen vegetal (raíces, hojas, Compost, etc.) que, al descomponerse, forman el humus.

A estas materias inertes se añaden elementos vivos como hongos, bacterias (1 g de tierra de jardín puede contener decenas de millones) y todos los animales que constituyen la pedofauna: nematodos, colémbolos, hormigas…, pero principalmente lombrices de tierra. Esta componente viva representa una importante biomasa que participa en el proceso de formación y regeneración de los suelo, aunque debemos tener en cuenta que resulta muy afectada por nuestras intervenciones: como, por ejemplo, cava o laboreo profundos, uso masivo de abonos químicos y pesticidas que degradan o destruyen los equilibrios naturales.

Textura y estructura

La textura de un suelo depende de la proporción de cada uno de los elementos que lo componen. Estos materiales se clasifican en función de su tamaño: guijarros, gravas, arenas, limos y arcilla. La textura se aprecia con el tacto.

Si uno de estos materiales es predominante, la tierra puede calificarse de arcillosa, arenosa, limosa, o incluso gumífera, si la cantidad de humus es muy importante. Los suelos gumíferos dan lugar a tierras negras que manchan los dedos.

Para valorar la composición de su suelo, coja un puñado de tierra húmeda y amáselo. Si contiene arena, constatará que los granos son perceptibles al tacto, mucho limo le dará una consistencia grasa y, si se pega a los dedos, será arcillosa.

La estructura del suelo no tiene en cuenta la naturaleza de sus componentes. Sólo se interesa por el modo en que se agrupan y depende de la actividad biológica presente. Una estructura grumosa asegura, gracias a su porosidad, una buena circulación del aire. Favorable a la respiración de las raíces y a la actividad biológica en el suelo. Mejorará la retención de agua y hará que la tierra sea más fácil de trabajar, tanto si el tiempo es húmedo como seco. El humus modifica la estructura del suelo, y el aporte de materia orgánica, ya sea en forma de Compost o de Madera Rameal Fragmentada (MRF) complementados o no con abono mineral, puede mejorar de manera sensible un terreno que antes tenía por mediocre.

La profundidad


La capa de tierra que pueden atravesar las raíces es variable. Esta permite a las plantas fijarse y contiene las reservas de agua y nutrientes necesarios para su crecimiento. Dicha capa, definida también como profundidad del suelo, ésta limitada por el tipo de roca subyacente.

El pH

Este índice corresponde al grado de acidez y alcalinidad del suelo. Su escala varía de 0 (muy ácido) a 14 (muy básico). Las plantas sólo pueden desarrollarse en un nivel de pH comprendido entre 3 y 9. El pH ideal para la mayoría de las plantas cultivadas se sitúa entre 5,5 y 6,5.

Los jardineros que conocen bien la flora salvaje pueden formarse una idea de la calidad del suelo observando la flora espontánea que crece en él.

La acederilla, la digital, la brecina, y el helecho común son buenos indicadores de terrenos ácidos, mientras que el camedrio, la mercurial perenne, el anciano, la hiedra terrestre y la clemátide de los setos señalan los suelos alcalinos.

Todas estas plantas reciben el nombre de plantas indicadoras.

Por el contrario, el muguete, la betónica y el abedul, que se adaptan a todo tipo de suelos, no nos ofrecen ningún dato.


Análisis del suelo

Para tener una indicación más precisa y sobre todo más pormenorizada de los parámetros de su suelo, pueden enviar una muestra de tierra a un laboratorio especializado por intermediación de una cooperativa agrícola o de un centro de jardinería.

 El agua

La disponibilidad de agua es un factor determinante. Los suelos filtrantes se secan rápidamente; los suelos arcillosos y limosos se endurecen superficialmente y se hacen impermeables, y la presencia de una capa de agua estancada permanente o temporal (suelo hidromorfo) asfixia las raíces y limita la elección de vegetales.

El agua que consumen las plantas procede principalmente de las precipitaciones; de ahí el interés en eliminar al máximo la escorrentía. Cuando penetra en el suelo, desciende más o menos rápidamente, gracias a la gravedad, hasta la capa freática; sin embargo, una parte se retiene y circula gracias a la capilaridad del sustrato. Cuanto más rico en materia orgánica sea el suelo, mejor se conservará y estará a disposición de los vegetales esta humedad remanente. Esta capacidad de retención puede mejorarse con la adición de enmiendas en forma de Compost, estiércol descompuesto o ramas y maleza trituradas.

Etapa 4. Diseñe el seto sobre criterios precisos

La composición del seto es la última etapa antes de encargar las plantas. Para ello, tiene que haber determinado con precisión en qué lugar querrá plantarlas y cuales serán su tamaño y su función.

Las plantas poseen una o varias peculiaridades que permiten clasificarlas según ciertos criterios. Puede “personalizar” su seto favoreciendo algunas especies en detrimento del uso de otras.

Por ejemplo, puede integrar algunos arbustos de frutos carnosos si desea atraer a los pájaros, o melíferos si es apicultor.

¿Cuántas especies hay que colocar en el seto?

La belleza de un seto no depende del número de especies ni de la cantidad de arbustos con flor que lo compongan.

Desconfíe de los “setos catálogo” que multiplican las plantas ornamentales con floración generosa, como la mahonia, etc. Limítese a tres o cuatro especies neutras que sirvan de base, distribuidas de forma aleatoria de un extremo a otro.

Coloque las especies que considere adecuadas por sus cualidades ornamentales o selecciónelas según su gusto personal.

Elabore una secuencia de plantación para cada seto

La secuencia de plantación es un esquema que reúne absolutamente todas las informaciones necesarias para la compra y colocación de las plantas: nombre de las especies, distancias de plantación, separación entre hileras, follaje, etc.

Puede añadir otros datos como la separación con respecto al límite del terreno, la insolación, etc., en pro de un mayor realismo.

Para un seto de poca longitud, establezca una secuencia que incluya todos los arbustos distribuidos al azar, a fin de que su aspecto parezca natural.

Si el seto tiene más de veinte metros, establezca un módulo que pueda reproducir regularmente en el terreno.

No ocupe todas las posiciones, sino sitúe tan sólo las especies que necesite para formar la base y deje algunos emplazamientos libres.

Esta forma de proceder es, sin duda, algo más difícil de administrar, pero tiene la ventaja de no repetir incansablemente una composición en la que se encuentra el mismo arbusto con flor cada seis metros, lo que produce una notable monotonía.

Seleccione las especies según su función y situación

Arbustos campestres – para setos recortados

Estas especies son adecuadas para la realización de setos campestres mixtos, podados regularmente por tres de sus lados. Aceptan podas severas y repetidas, y su densa ramificación puede entremezclar sus ramas con las de las plantas vecinas. Sus hojas son relativamente pequeñas (las grandes hojas cortadas con la podadera son antiestéticas), y las plantas de hoja caduca adquieren bellas coloraciones otoñales.

Arbustos campestres para setos libres y pequeños cortavientos


Los setos libres de tipo campestre sirven como engarce entre el jardín y el campo. Su composición tiene que ser lo más próxima posible a los setos autóctonos.

La elección es amplia y cada región aporta una gran variedad de plantas. Se realizará a partir de criterios climáticos y pedológicos, pero también, como es lógico, observando el entorno más próximo.

Arbustos para la orilla del mar

Los setos litorales están sometidos a condiciones que no soportan todas las plantas: fuertes vientos, brumas salinas, suelos permeables, etc. En cambio, la cercanía del mar propicia temperaturas más suaves que las zonas de interior, lo que permite plantar especies que, en otras condiciones, normalmente no resistirán en la misma latitud.



Fuente: Setos vivos
Gambier Bernard
S.O.S del jardinero



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